Número 144 - Enero de 2018
 
REPORTAJES
 

“En un país que disfruta de casi pleno empleo (menos del 5% de paro), hay un intenso debate sobre la desigualdad social y el ordenamiento económico”

 
     
¡POBRE RICA ALEMANIA!  
           
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  Foto: Archivo RC  
   
   

LA FURIA DE PARÍS EVIDENCIA TAMBIÉN EN ALEMANIA QUE EL OBJETIVO DEL “BIENESTAR PARA TODOS” (EL LEMA DEL MILAGRO ECONÓMICO ALEMÁN) SERÁ UNO DE LOS RETOS CENTRALES DE LA FUTURA POLÍTICA ECONÓMICA ALEMANA Y EUROPEA.

   
   

TEXTO: LIDIA CONDE (FRÁNCFORT)

¡Pobre rica Alemania! Es el debate sobre la desigualdad social dentro y fuera del país. Pero Berlín no es París. Ni la canciller Merkel está desbordada como el presidente Macron. Para los llamados chalecos amarillos franceses, que luchan por mejorar su vida precaria, el ex banquero del Elíseo nunca fue el líder esperado. En Alemania, la modesta canciller cuenta con un amplio consenso. Pero la furia de París evidencia también en Alemania que el objetivo del “bienestar para todos” (el lema del padre de la economía social de mercado y del milagro económico alemán, el democristiano Ludwig Erhard (1897-1977), ministro de Economía y canciller federal entre 1963 y 1966) será en el futuro uno de los retos centrales de la política económica alemana y europea. La imagen del caos en París escenifica la lucha de los de abajo contra los de arriba. La respuesta convencida de Alemania es la economía social de mercado. Aun sabiendo que el futuro de este modelo es muy incierto.

Tercera vía alemana

La economía social de mercado, la tercera forma de política económica entre la libertad de mercado del laissez-faire y la pura gestión estatal, cuenta en Alemania con un amplísimo consenso. La razón es que está estrechamente vinculada a su recuperación económica tras la Guerra. La cuestión hoy es si los objetivos de esa organización del mercado –que, por un lado, limita el poder del mercado y protege la competencia en interés del consumidor; y, por otro, compensa posibles desequilibrios sociales del libre mercado- se podrán mantener teniendo en cuenta los retos actuales. Y estos son: “La avanzada globalización de la economía, el creciente populismo que se expresa en proteccionismo, el auge de China y la digitalización”. Lo dice Clemens Fuest, el presidente del prestigioso instituto muniqués de investigación económica Ifo. Y ello teniendo en cuenta que en Alemania predomina la idea de Ludwig Erhard de que es la misma capacidad de la economía de mercado y de la libre competencia la que genera y promueve el bienestar para todos.

Sí, Alemania es ambas cosas: rica y pobre. Por eso, en un país que disfruta de casi pleno empleo - con un paro por debajo del 5% -, hay un intenso debate sobre la desigualdad social y sobre cuál es el mejor ordenamiento posible de la economía. Cierto es que los ricos son cada vez más ricos y que los pobres no son cada vez más pobres; pero sí son cada vez más. Es decir aumenta el número de ciudadanos pobres o modestos. Un aumento que se registra a costa de la clase media, que mengua. Además hay que tener en cuenta la llegada desde 2015 de más de un millón de refugiados y emigrantes; cuya mayoría se encuentra entre la población de menos ingresos.

En Alemania no se registra una tendencia hacia una mayor concentración en el sector industrial. Tampoco en Francia ni en Italia. Lo que es positivo pues a menor competencia, mayores precios, mayor desigualdad de ingresos y menor inversión y productividad. Y como dice Clemens Fuest, el poder del mercado no es necesariamente negativo. “Las innovaciones llevan a un mayor poder del mercado y este es necesario para incentivar las inversiones. Negativo es el poder de mercado cuando se solidifica y perjudica la innovación, el crecimiento de la productividad y el empleo.”

En cuanto a la desigualdad por ingresos disponibles (coeficiente Gini), ha aumentado en todos los Estados G7 entre 1995 y 2015, pero Alemania es el país con menor desigualdad. Así era en 1995 y sigue siéndolo hoy. El más desigual es EE UU, seguido de Reino Unido, Italia, Japón, Canadá y Francia, según datos de la OCDE de 2018. El Estado social alemán es mayor y reparte más que en otros países similares. Por otro lado, en Alemania se registra una gran desigualdad social por patrimonio. Más desiguales que Alemania son EE UU, Austria y Holanda. En cuanto a la igualdad de oportunidades, Alemania destaca por la fortaleza de su mercado laboral, con apenas desempleo juvenil (2,1% en los Estados del sur de Alemania). Una de las razones es el sistema de la formación profesional dual que permite formarse y trabajar a los chicos de todos los niveles sociales. Por otro lado, el sistema educativo alemán es menos permeable que otros; lo que significa que, a pesar de su gratuidad, no permite el ascenso social a todos. El éxito escolar depende mucho de la familia y de la intensa dedicación de los padres.

Crisis de identidad

Alemania quiere seguir siendo social. La propuesta de una renta básica es defendida en Alemania por Los Verdes. Robert Habeck, jefe del partido, exige 30.000 millones de euros para ello. El objetivo de la socialdemocracia alemana es otro: “El derecho a trabajar y no al derecho a cobrar por no hacer nada”. A quienes pretenden que el Estado les mantenga “les exigimos que se esfuercen”. Y quienes infrinjan las normas para cobrar ayudas, deben contar con que se les quitarán. Lo dice la hija de un albañil, Andrea Nahles, la jefa del partido socialdemócrata SPD.

“En Alemania estamos mejor que nunca”, reconoce el jefe de Siemens, Joe Kaeser. “Pero falta mucho por hacer”. Según Kaeser, Alemania vive en el bienestar. En el mismo sentido se expresa Christoph Schmidt, presidente del consejo económico que asesora al Gobierno alemán: “Alemania todavía va bien. Desde hace diez años estamos creciendo, pero los riesgos son gigantes”. Y ese es el problema, actuar y maniobrar cuando todavía la economía va bien. Frank Bsirke, el jefe del sindicato de servicios Verdi, se hace preguntas como, ¿en qué circunstancias nos jubilaremos en el futuro? ¿podremos pagar la vivienda? ¿qué pasará con el cambio climático? Además el futuro de Alemania depende también del de Europa. Para Bsirke, la desintegración de la unión monetaria tendría consecuencias catastróficas. La respuesta es, pues, más Europa y transferir parte de la soberanía nacional. Pero, ¿quién lo quiere? Muchos países no están de acuerdo. La misma Italia culpa de casi todo a Alemania y a Europa.

 
 
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