Número 158 - Marzo de 2020
 
REPORTAJES
 
“Congreso y Senado pidieron en diciembre identificar y sancionar a las empresas que colaborasen en el Nord Stream 2, que está a punto de concluirse. Y las empresas europeas han preferido retirarse"    
     
UN “PRIVILEGIO EXORBITANTE”  
       
 
     
     
     

“CUANDO EEUU DECIDE UNILATERALMENTE APLICAR UNAS SANCIONES ESPERA QUE SUS ‘ALIADOS’ SE ABSTENGAN DE REALIZAR LAS OPERACIONES QUE HA DECIDIDO PROHIBIR. LA UE TIENE NORMAS QUE IMPIDEN A SUS EMPRESAS ACATAR ESAS PROHIBICIONES, PERO ANTE EL MIEDO A LAS ‘SANCIONES SECUNDARIAS’, ÉSTAS OPTAN POR CEDER; ACABA DE OCURRIR CON EL PROYECTO NORD STREAM 2".

   
     
    Foto: Archivo RC  

TEXTO: LUIS MARTÍ

El mundo da muchas vueltas y parece obligado utilizar reflexión y experiencia para tratar de anticipar cuál será, y como nos afectará, alguna de las próximas. Una de estas vueltas ha sido la aparición y consolidación del dólar como moneda clave en el mundo. Su creciente importancia provocó numerosos estudios y pronósticos sobre el futuro de la divisa como instrumento financiero favorito, sobre el grave problema para el resto del mundo de su posible escasez, y la dependencia de todo orden en que pueden llegar a encontrarse muchos países respecto del dólar.

Atención a la terminología!

Una sugestiva descripción, ‘exorbitant privilege’, dió título a un conocido libro de Barry Eichengreen [2010]. Este autor acertó a etiquetar la facilidad operativa que ofrece el dólar para tomar posiciones en el sistema financiero de EEUU: la etiqueta es algo exagerada para describir lo que no es sino una situación de hecho, en la que la primera economía del mundo ofrece a capitales extranjeros oportunidades de inversión en un modelo profesional, dinámico y abierto, con acceso y salida libres. No debe confundirse “privilegio” con ventaja o exclusividad de ningún tipo, sino a lo sumo con la capacidad que proporciona una moneda de general aceptación para atraer inversores y aumentar el volumen y capacidad del mercado necesarios para un eficiente funcionamiento. Naturalmente, la atracción que supone poder participar de ese “privilegio” mediante el empleo de una divisa universal no excluye la fatalidad de alguna desdichada crisis financiera, como la ocurrida a finales de la primera década del siglo: cualquier decisión inversora conlleva riesgos, incluso en dólares y en un mercado eficiente.

El empleo de la palabra “privilegio” por Eichengreen en el contexto anterior es algo forzado. El término significa “ventaja exclusiva o especial que goza alguien … por determinada circunstancia propia” [RAE], que habría que aplicar no a “alguien” que se beneficia en particular sino a un mercado abierto a la inversión de propios y extraños que dispongan de la divisa operativa de ese mercado. Calificar como “privilegiado” al mercado financiero de EEUU por el hecho de que cualquier titular de dólares pueda tomar posiciones es un empleo poco acertado de un término que más bien sugiere ventajas en beneficio de alguien [individuo, grupo social, país] que se han impuesto o forzado sobre terceros.

Sin embargo, hablar de “privilegio” está justificado claramente en las prácticas de la actual administración de EEUU, que explota el papel preponderante de su moneda al servicio de fines propios de política internacional, a menudo agresivos y no compartidos por sus (antiguos) aliados. En la etapa de la historia que nos toca vivir, el “privilegio” que para Eichengreen consistía en un acceso sin restricciones a un mercado financiero en dólares, ahora toma el significado de restricciones diversas al empleo de la moneda internacional. El dólar se emplea como instrumento agresivo para imponer políticas dictadas desde un gran país hegemónico, que se sirve de la exclusión del acceso y empleo del dólar como instrumento nacionalista de sanciones, a fin de castigar a países no alineados con determinadas políticas norteamericanas del momento.

Una mirada hacia atrás

En 1984, Paul Krugman, Nobel de Economía años después, realizó un estudio para el NBER [National Bureau of Economic Research] bajo el título de “Papel Internacional del dólar, teoría y perspectivas” . El analisis de Krugman utiliza interesantes comparaciones entre el papel como dinero internacional que desempeña el dólar desde la IIGM, y el papel preponderante que en su día desempeñó con efectividad la libra esterlina, antes sobre todo de la IGM, pero generando una inercia que mantuvo a la libra como divisa de primera categoría hasta mucho después de que Gran Bretaña hubiese dejado de ser una potencia económica de primera categoría.

Es interesante descubrir que Krugman examina con atención las estadísticas disponibles pero no trata de emplearlas para formular previsiones acerca de un futuro papel del dólar. Da la impresión de que el estudio se escribió algún tiempo antes de su publicación por NBER, cuando el marco alemán y el yen eran divisas valoradas en el tráfico comercial, y el dólar, una divisa más, “que no juega más papel que el que le permite la dimensión de EEUU”. Pero ya era un hecho entonces, “arbitrario”, que el comercio internacional en materias primas se facturaba en dólares y en dólares se realizaban, “quizá”, transacciones puramente financieras. Krugman se pregunta, “es lo bastante firme la posición fundamental del dólar como para mantener su papel internacional?”, y no arriesga una respuesta convincente. La comparación de datos con los factores que sostuvieron el papel internacional de la libra esterlina no deja totalmente convencido al autor que se abstiene de especulaciones acerca de las perspectivas del dólar como moneda dominante.

El resumen anterior pretende destacar un aspecto del trabajo de Krugman que ahora nos interesa. Era una presentación puramente académica. Los datos de que disponía no proporcionaban al entonces profesor de MIT la base necesaria para una predicción científica acerca de una generalización del dólar comparable con el historial, años antes, de la libra esterlina. Treinta años después, el papel arrollador del dólar como divisa internacional se ha impuesto como un hecho.

Un privilegio, y “exorbitante”?

Aunque Eichengreen analice la crisis de primeros de siglo y aplique esos términos al mercado financiero con gran habilidad expresiva, donde aparecen rasgos de un privilegio exorbitante, y a la vez abusivo, es en ciertas áreas de las relaciones internacionales en que el empleo de la moneda de EEUU deja de servir como simple vehículo para permitir transacciones comerciales o financieras, y se convierte en medio de presión sobre actos puntuales o sobre regímenes políticos que merecen la desaprobación de Washington. A esta realidad de nuestro tiempo se refería un titular de periódico con términos claros y perfectamente comprensibles, aunque la traducción del verbo no sea sencilla; Trump weaponises the dollar... [FT, enero 30, 2020].

El empleo de medidas de presión entre países es una práctica de la realidad internacional que conviene ajustar dentro de un cierto orden. Es evidente que si dos países rompen relaciones, acompañarán las respectivas decisiones de medidas relativas a la prohibición, parcial o total, de viajes o de comunicaciones, y a la ruptura de algunos o todos los vínculos políticos, comerciales o financieros. Claro que si uno de los dos países es relativamente grande o potente, y el otro es un pequeño país, el efecto de aplicar las mismas medidas repercutirá de manera muy diferente en cada uno de ellos, y cabe la sospecha legítima de que el país más potente explote la crisis para aplicar sanciones sobre el país más pequeño. Potencialmente, pueden surgir en estos casos dificultades muy serias para algún país, que la comunidad internacional tendrá que tratar de resolver mediante iniciativas de mediación.

 
 
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