Número 143 - Noviembre de 2018
 
REPORTAJES
 

El objetivo de Trump es evitar la ralentización en 2019, bajando impuestos y gastando. ¿Le dejarán los demócratas en la Cámara de Representantes?

 
     
ESTADOS UNIDOS: ¿SE AGOTARÁ LA RECUPERACIÓN?  
           
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  Foto: Archivo RC  
   
   

LA VICTORIA DEMÓCRATA PODRÍA LANZAR UN PLAN DE INFRAESTRUCTURAS QUE SOLUCIONE LO QUE EN EEUU ES UN PROBLEMA ESTRUCTURAL Y ESTIRE TODAVÍA MÁS UNA EXPANSIÓN QUE ESTÁ A PUNTO DE BATIR RÉCORDS DE DURACIÓN.

   
   

TEXTO: PABLO PARDO (WASHINGTON)

Estados Unidos tiene una institución que mide las recesiones y las expansiones. Es la Oficina Nacional de Investigación Económica, o, por sus siglas en inglés, NBER.

En realidad, el NBER es un think tank privado que, más que llevar a cabo investigaciones, da becas a investigadores externos. Y, entre sus funciones, está la de ser archivero de los ciclos económicos. Igual que las agencias de calificación de riesgos son Organizaciones de Rating Estadístico Reconocidas Nacionalmente’ (NRSRO, según sus siglas en inglés), lo que hace que, en función de sus ratios, las instituciones financieras reguladas puedan o no invertir en determinadas clases de activos, el NBER decide cuándo empiezan y cuándo acaban las recesiones. Y, para ello, utiliza un sistema que rompe con la definición clásica de que una recesión se produce cuando el PIB cae dos trimestres consecutivos.

Según el NBER, Estados Unidos salió de la última recesión en el junio de 2009. Así pues, la actual expansión ya lleva 9 años y medio. Son 114 meses. Si aguanta hasta mayo del año que viene, se convertirá en el ciclo expansivo más largo recogido por el NBER, rompiendo así el record de la expansión de 1991 a 2001.

Y nadie discute que la expansión va a continuar. Estados Unidos está una situación de pleno empleo, pero las presiones inflacionarias son, al menos por ahora, bajas. Su déficit público está creciendo, gracias a una política de recortes de impuestos y aumento del gasto, pero todavía está en el 3,5% del PIB. Y su déficit comercial, al que los economistas no dan importancia, pero el inquilino de la Casa Blanca, sí, también está aumentando, a pesar de las sucesivas oleadas de guerras comerciales lanzadas por Washington contra China. De hecho, está creciendo en buena medida porque la expansión fiscal está incrementando de tal manera el consumo en Estados Unidos que hay que importar más.

Gasto y consumo

Desde la época de Ronald Reagan, la primera economía mundial gasta más de lo que produce, y también más de lo que ahorra. Y, mientras no se corrija eso, los déficit comercial y por cuenta corriente de ese país van a seguir existiendo, como suele decir Martín Marrón, consejero delegado de JP Morgan para las Américas. Da igual los aranceles que se pongan o las amenazas que se lancen. Los estadounidenses lo quieren consumir todo. China ahorra y produce; EEUU gasta y consume. Así es como lleva funcionando la economía mundial desde hace una década y media.

De modo que, cuando estamos a punto de alcanzar la expansión más larga en 11 años (las estadísticas del NBER concluyen en junio de 1857), los desequilibrios en Estados Unidos están empezando a acumularse. Lo más llamativo es que ese proceso no se deba a la propia dinámica de la expansión, sino a factores de política económica. El aumento del déficit es la consecuencia de adoptar una política procíclica que ningún economista que no sea un ideólogo demandaría en este momento de la expansión. Lo mismo sucede con la ausencia de reformas estructurales, por ejemplo en educación, donde Estados Unidos acumula cada vez más problemas por su mano de obra sin cualificar. Cuando Donald Trump llegó a la Casa Blanca, sus asesores hablaron mucho de importar a EEUU el modelo de formación profesional de Alemania.

Pero aquellos planes quedaron rápidamente liquidados con el nombramiento de Betsy DeVoss – una multimillonaria, hermana de Eric Prince, el fundador de la empresa de mercenarios Blackwater, que luego cambió su nombre por el de Academi – como secretaria de Educación. DeVoss no tiene ninguna experiencia en policías públicas. La única razón para darle el cargo fue agradecerle sus contribuciones económicas al Partido Republicano en general y a la campaña de Donald Trump en particular.

Así que ¿se va a agotar la recuperación en 2019? El objetivo de Trump es evitar que así sea, de nuevo por el método más sencillo: bajadas de impuestos y aumentos del gasto. Es una fórmula que goza del apoyo del Partido Republicano. Pero ahora son los demócratas los que tienen el control de la Cámara de Representantes. ¿Van a acceder a ello?

Lo de las bajadas de impuestos va a ser más difícil. Pero no imposible, al menos en teoría. Muchos de los demócratas que van a llegar a Washington en enero, cuando se constituya el nuevo Congreso, proceden de áreas conservadoras, y Trump no debería tener problemas en hacer que voten con los republicanos. Pero hay una opción más sencilla: el aumento del gasto. Y ahí desempeña un papel clave uno de los proyectos estrella de Trump durante la campaña electoral que, sin embargo, no ha ido a ningún sitio desde que llegó a la Casa Blanca: la inversión en infraestructuras.

Reparto de costes

El estado de las infraestructuras en la mayor economía del mundo es catastrófico. Es algo, además, que beneficia a los dos grandes partidos. Genera actividad económica, empleos – lo que beneficia también a los sindicatos – y, además, es algo visible. En Washington muchos opinan que si se lanza un plan de infraestructuras serio vamos a ver a Donald Trump inaugurando varias veces el inicio de las obras para la construcción del mismo puente. Es posible. Pero eso no quiere decir que el puente, al final, termine haciéndose. Con el modelo económico estadounidense, además, las infraestructuras son un sistema impresionante de compraventa de favores políticos, porque suelen llevarse a cabo por medio de lo que se llama Asociaciones Público-Privadas (PPP, según sus siglas en inglés), lo que significa que el sector privado a menudo cuenta con garantías del Estado para emitir deuda con la que financiar las obras. A su vez, eso da pie a sistemas de ingeniería financiera que no construyen, necesariamente, autopistas, pero sí generan beneficios.

Claro que ese es uno de los problemas de las infraestructuras en EEUU: el reparto de los costes. De hecho, el Gobierno de Donald Trump ya lanzó un programa en ese sentido hace meses, que no fue a ninguna parte. La razón del fracaso era que la Casa Blanca, primero, beneficiaba descaradamente a los estados republicanos – algo que el Congreso ya había hecho con la bajada de impuestos de diciembre de 2017 – y, por otro, traspasaba prácticamente todos los costes de las obras públicas a los estados. Era demasiado. Y más aún en año electoral. Así que el proyecto nunca llegó ni tan siquiera a ser discutido en el Congreso.

 
 
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