Número 130 - Septiembre de 2017
 
REPORTAJES
 

“La caída de la volatilidad puede ser signo de estabilidad, pero también de calma que precede a la tormenta”

 
     
ESTADOS UNIDOS: VOLATILIDAD, ¿CUÁNDO VOLVERÁS?  
           
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  Foto: Archivo RC  
   
   

EL MERCADO DE BONOS CORPORATIVOS DE ALTO RENDIMIENTO DECRECÍA DESDE 2015 PERO LA TENDENCIA SE HA INVERTIDO: EN LO QUE LLEVAMOS DE 2017, UNA EMISIÓN DE CASI 60.000 MILLONES DE EUROS. VA A SER UN AÑO RÉCORD.

   
   

TEXTO: PABLO PARDO (WASHINGTON)

¿Volverán las oscuras golondrinas de tu balcón sus nidos a colgar? ¿Volverá la volatilidad al mercado? La volatilidad es necesaria en trading. Aunque nadie echa de menos la volatilidad de 2007 y 2008, cuando los modelos que empleaban los bancos y fondos dejaron, simplemente, de tener valor, ese factor es necesario para generar mercado. Y si el mercado cae, ¿qué hacen los traders?

La respuesta no la da John Stuart Mill, Adam Smith, ni la fórmula Black-Scholes, sino la biología evolutiva: ligar. El 11 de julio, la venerada e influyente agencia de información financiera Bloomberg explicaba el caso de “un jefe de trading” de un banco que declaraba pasar las horas muertas en el trabajo en Tinder, la famosa app que sirve para ligar, pero no con el objetivo de tener relaciones estables, sino algo más rápido, como de una noche. Con los algoritmos haciendo High Frequency Trading, al ser humano le queda el High Frequency Dating.

El jefe ligón no era un caso aislado. Uno de sus competidores en otra institución financiera usaba sus horas en el trading floor para preparar unos días de vacaciones en un club de golf. El tópico: “¡compra!, ¡vende!”, etcétera, lleno de interjecciones malsonantes que ha caracterizado al mundo financiero en Hollywood parece haberse acabado.

Incógnitas

¿Por qué ha desaparecido la volatilidad? En teoría, hay razones más que suficientes para poner nervioso al mercado. El presidente de la mayor potencia del mundo está siendo investigado por posible colusión con el Gobierno de Rusia en las elecciones que le llevaron al poder; su agenda económica está completamente paralizada. Al mismo tiempo, Corea del Norte está ensayando misiles balísticos estratégicos y podría tener la bomba de hidrógeno; el mayor centro financiero mundial, Londres, afronta un futuro muy incierto; el estado del sistema financiero de China, sigue siendo un misterio, y ese país está anexionándose un área de océano equivalente a cinco Españas. Y, finalmente, todas las tensiones y amenazas terroristas siguen tan activas como hace un año.

Es cierto que por primera vez en una década el mundo crece de forma sostenida, aunque discreta, y que las perspectivas en la UE han mejorado radicalmente. Pero también lo es que los bancos centrales – al menos, la Fed y el BCE – ya han expresado su intención de reducir la liquidez del mercado y a vender parte de la deuda que acumularon durante la crisis, en una operación que, si no es llevada a cabo con cuidado, puede dislocar el mercado. No deja de ser sorprendente que nadie se sobresalte por nada. O que nadie sea capaz de aprovechar para tratar de obtener una rentabilidad extra.

Muchos, como Marko Kolanovic, de JP Morgan, lo atribuyen a la proliferación de fondos cotizados, y a estrategias de inversión que se basan, precisamente, en apostar contra el VIX. Según esa tesis, las estrategias de inversión pasivas son cada día más populares. Eso hace que sectores enteros suban o bajen, con los índices de los que forman parte. Según algunas estimaciones, el 60% de las acciones del mercado estadounidense están en carteras que se gestionan de manera pasiva o por medio de programas de ordenador, y solo el 10% se encuentran en manos de ‘stock pickers’, o sea, de gente que compra y vende títulos a la antigua usanza.

Otros creen que, con la inflación a nivel mundial bajo mínimos, liquidez casi ilimitada, crecimiento sostenido, y bancos, en general, saneados – siempre que no se fije uno mucho en países como Italia –, es lógico que el VIX esté muy bajo. De hecho, la volatilidad ha caído en todo el mundo. Lo cierto es que la caída de la volatilidad puede ser un signo de estabilidad, pero también de la calma que precede a la tormenta. A los más pesimistas, les recuerda a 2007. La única vez que el VIX estuvo tan bajo como ahora fue en diciembre de 1993, apenas tres meses antes de que la Reserva Federal empezara a subir los tipos de interés, el mercado de bonos se despeñara, y México sufriera la crisis del tequila.

 
 
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