Número 126 - Abril de 2017
 
REPORTAJES
 

“Berlín se prepara para defenderse del anunciado proteccionismo de Trump, y así se lo ha hecho saber a Washington. Alemania puede permitírselo”

 
     
ALEMANIA: MÚSCULO FRENTE A LA INCERTIDUMBRE  
           
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  Foto: Archivo RC  
   
   

CON APENAS PARO (5,8%), ALEMANIA CRECE POR OCTAVO AÑO CONSECUTIVO, LO QUE PERMITE ATRAER CAPITAL Y MANO DE OBRA CUALIFICADA. AUN ASÍ, PREOCUPA EL FUTURO DEL EMPLEO, TEMA CLAVE EN LAS ELECCIONES DE OTOÑO

   
   

TEXTO: LIDIA CONDE (FRÁNCFORT)

Alemania es todavía Alemania. Aquí nadie discute sobre los ‘surplus humans’, los excedentes humanos, como se denomina en Silicon Valley a los trabajadores pobres, que a pesar de su empleo viven por debajo del umbral de pobreza. Una cuarta parte de los empleados por cuenta ajena en EEUU no puede vivir de lo que gana. En Alemania apenas hay pensadores como el historiador americano James Livingston, quien con su ensayo ‘A la mierda el trabajo’, publicado en la revista Aeton, ha expresado el resentimiento cultural y la polarización política que ha dado pie a los últimos movimientos populistas. No obstante, obviamente también en Alemania se debate el futuro del trabajo y una razón son las elecciones federales del próximo otoño. El candidato socialdemócrata a la cancillería, Martin Schulz, habla de “la clase media que trabaja duramente”, para ubicar el conflicto de la justicia social en la diana de la campaña. Por su parte, la canciller democristiana Angela Merkel ha entrado de lleno en el reto electoral con el eslógan ‘Innovación y Justicia’, defendiendo las reformas y los ajustes del sistema social (Agenda 2010) de su antecesor, el socialdemócrata Schröder (canciller entre 1998 y 2005). Una maniobra con la que pretende dividir al SPD, pues Martin Schulz se propone corregir los errores de aquella reforma laboral.

Valioso ‘Made in Germany’

“El SPD habla de justicia, pero justicia sin innovación no funciona”, ha contraatacado Merkel. Y la economía le da la razón. Alemania es todavía Alemania porque ‘Made in Germany’ es la marca de fabricación más valorada en todo el mundo. Sobre todo en EEUU, su principal mercado. Por eso en Alemania están tan atentos a todo lo que dice y firma el presidente Donald Trump. El 8,9 % de lo que Alemania exporta va a EEUU, seguido de Francia (8,4%), Gran Bretaña (7,1%), Holanda (6,6%) y China (6,3%). Y sorprende que a pesar de Trump, de Marine Le Pen, del Brexit o de la amenaza populista, la economía alemana desborde optimismo. Una de las razones son los bajos tipos de interés, que impulsan el sector de la construcción y la exportación de máquinas y vehículos a todo el mundo. Las empresas alemanas se benefician de la buena coyuntura en los grandes países industriales y de los bajos tipos de interés en muchos emergentes. Pero Berlín se está preparando también para defenderse del proteccionismo anunciado por Trump. “Quieren hacer de nuevo grande a América, pero no con el esfuerzo propio, sino mediante la violenta discriminación de terceros”, dice Marc Beise, redactor jefe de Süddeutsche Zeitung. Según Beise, aunque sepamos que América se perjudicará a sí misma, sería incorrecto no defenderse. “Pues al final no solo perderá EEUU, sino todos. Trump debe saber que si EEUU impone medidas proteccionistas, reaccionaremos –Alemania, la UE, China–inmediatamente en contra.” Alemania se lo puede permitir.

Desde la última crisis global, Alemania crece por octavo año consecutivo. En 2017, un 1,4%; en 2018, un 1,7%. Con apenas paro, del 5,8% en 2017 y 2018, y un mercado laboral envidiablemente robusto, que emplea 44 millones de trabajadores. Para el diario económico Handelsblatt, este auge se debe a las reformas de la Agenda 2010. Un tirón que “permite a su vez atraer capital y mano de obra cualificada de países en crisis.” Y los pronósticos: excelentes. Los buenos resultados benefician también al Estado, que dispone de dinero extra para financiar gastos excepcionales como la asistencia al más de un millón de refugiados. También el instituto de investigación económica Ifo de Múnich es optimista. Sobre todo por la demanda de la industria exportadora, dice Clemens Fuest, presidente del Ifo, cuyo índice mensual refleja el grado de confianza de la economía alemana y que ahora registra el nivel más elevado desde hace seis años, gracias al aumento del consumo interno. Hay quien opina que estas expectativas son exageradas, señala Uwe Burkert, economista jefe del banco LBBW. Otros insisten en que no hay razón para preocuparse.

La producción mundial ha pasado del 3,1% el pasado año al 3,5% en 2017 y al 3,6% previsto para el próximo 2018. Es como si la economía se desentendiera de los actuales riesgos políticos. “La imagen es positiva”, confirma el experto Michael Grömling, del Instituto de Economía IW de Colonia. De hecho, aunque Alemania dependa mucho económicamente de EEUU, el peso de este país en el mundo ha descendido. “El gigante americano dejó de ser un gigante hace tiempo”, afirma Catherine Hoffmann, de Süddeutsche Zeitung. Su cuota en el PIB mundial cayó del 40% en 1960 a por dejado del 25% en 2016. Su pérdida de importancia en la producción industrial es todavía superior. Pero, por otro lado, EEUU es el mayor deudor y acreedor mundial al mismo tiempo. No obstante, Alemania duda que el Congreso estadounidense siga a su presidente en todas sus nefastas chaladuras.

Acecha la automatización

Hay tendencias que preocupan también mucho y que podrían provocar turbulencias políticas como la automatización, que va a liquidar en Alemania mucho trabajo cualificado. Las fábricas se interconectan, acelerando procesos y reduciendo costes. Además, toda la industria del automóvil, desde Daimler hasta Volkswagen, apuesta por el coche eléctrico. VW quiere producir un millón anual en 10 años. Se teme una pérdida drástica de puestos de trabajo. Siempre hubo reestructuraciones en esa industria, pero esto va más allá. Andreas Tschiesner, de la consultora McKinsey habla del “mayor cambio tecnológico de la historia de la industria del automóvil.” Y el instituto de investigación IAB de Nuremberg apunta en el mismo sentido: 1,5 millones de puestos se perderán en Alemania hasta 2025.

 
 
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