Número 133 - Diciembre de 2017
 
REPORTAJES
 
   
     
BANCA: EXCELENCIA VS AUTOCOMPLACENCIA      
       
 
  Foto: Archivo RC  
   
   
ARISTÓBULO DE JUAN, PRESIDENTE DE ARISTÓBULO DE JUAN Y ASOCIADOS S.L.
 

"LA REGULACIÓN EUROPEA, QUE EXIGE MÁS CAPITAL (ESO SÍ, DE NATURALEZA DISCUTIBLE) HA DESCUIDADO LA SUPERVISIÓN Y EL SANEAMIENTO PREVENTIVO DE LOS BALANCES"

 
   

Hace 10 años se inició una grave crisis financiera, en el mundo y también en España. En España fue conocida como la crisis de las cajas de ahorro. En efecto, una expansión vertiginosa, concentrada en el sector inmobiliario dio al traste con un buen número de ellas. Es cierto que los bancos también incurrieron en políticas semejantes, pero en mucha menor proporción. El tratamiento de la crisis por las autoridades españolas dejó que desear, fue lento, tardío, artificioso y… muy costoso.

Es cierto que existían serios obstáculos para una actuación eficaz:

– La fuerte presencia de representantes políticos en los consejos de administración y la injerencia política en muchas cajas, por encima de los consejos.

– Una supervisión dividida entre el Banco de España y las comunidades autónomas, lo cual dificultaba o impedía tomar determinadas decisiones importantes.

– El difícil acceso de las cajas al mercado de capitales. Solo contaban con las reservas y títulos híbridos para su recapitalización…

– Factor clave fue la errónea presunción oficial (difícil de creer) de que los precios inmobiliarios se recuperarían en dos años y de que resultaba por tanto innecesario aplicar medidas contundentes.

– Por último, existía una fuerte alergia de las autoridades a las intervenciones de las entidades, porque hacían ruido, daban mala imagen y las autoridades no sabían cómo manejarlas. Tras casi dos años de desconcierto, el gobierno empezó a actuar. Pero lo hizo a tientas y con diagnósticos defectuosos. Inyectó liquidez en el sistema –no capital–, promulgó sucesivamente leyes y decretos, creó nuevas instituciones y promovió fusiones artificiosas. Todo ello a modo de prueba y error y con resultados más que discutibles.

Por fin, en 2012, tras cinco años de crisis, se produjo un claro cambio, positivo aunque insuficiente. El Gobierno pasó a exigir fuertes provisiones sobre el conjunto de las carteras. Además, y obedeciendo al impulso del FMI, firmó un acuerdo (el MOU) por el que obtenía una voluminosa línea de crédito en condiciones muy favorables. A cambio, aceptaba recapitalizar –por fin, con capital– varias cajas de ahorros ya fusionadas y convertidas en bancos. Bankia fue la más relevante. También acordó crear un banco malo (la Sareb), entidad que adquiriría los peores activos inmobiliarios de las cajas–bancos para completar su saneamiento. La idea era buena, pero se instrumentó con una estructura de capital desacertada y los valores contabilizados de los activos adquiridos habían de hacer muy dificil su liquidación. Por supuesto, el tratamiento de la crisis supuso un fuerte coste para el erario público y también para el propio sistema financiero. Coste claramente superior al que hubiera requerido disponer de diagnóstico y una acción temprana. Este coste tuvo por objeto compensar a los bancos que se hicieron cargo de las “criaturas” enfermas por las pérdidas que hubieron de asumir.

Este proceso, junto con sus fallos, tuvo también aspectos positivos:

– El sistema financiero, que estaba sobredimensionado, pasó de estar formado por unas 50 entidades a tener una quincena, lo cual produjo considerables sinergias en personal y sucursales (30-35% sucursales y plantillas).

– Los bancos resultantes de las fusiones de las cajas insolventes fueron adquiridos, casi siempre, por bancos más solventes y mejor gestionados.

– Las demás cajas de ahorro -las que sobrevivieron- pasaron a ser bancos y permanecieron solo como accionistas minoritarios de los mismos, sin actividades bancarias.

– El sistema pasó a tener un supervisor único, el Banco de España.

Hoy día, la mejora del conjunto del sistema en estos 10 años de crisis resulta clara, pero no completa. En efecto, subsisten no pocas secuelas que originan una baja rentabilidad. ¿Las causas?

– La permanencia en los balances de un volumen importante de activos que no producen.

– Los bajos tipos de interés vigentes en el sistema, derivados de la política monetaria del BCE.

– Y la reducción (neta) del crédito en su conjunto.

Por tanto, los resultados sufren y siguen sufriendo, a pesar de la mejora de eficiencia derivada de las fusiones y del esfuerzo de digitalización que se está produciendo, sobre todo en las entidades grandes.

Pero, en este contexto, algunos consideran que la tarea está terminada y que entramos en una larga época de estabilidad, lo cual haría innecesario un nuevo esfuerzo de gestión y de transparencia. Es la autocomplacencia, ya sea sincera o táctica.

Pero resulta que esta presunción es inexacta y puede constituir un serio obstáculo para rematar las secuelas de la crisis.

De hecho, la supuesta estabilidad no es real porque a la baja rentabilidad de las entidades se añaden diversos factores:

– El exceso de liquidez existente en los mercados, estimulado por el BCE, lo cual emborrona el sentido del riesgo de los banqueros y genera además burbujas, que suelen acabar explotando.

– Está también la desregulación que se anuncia en Estados Unidos, que podrá arrastrar a la banca europea en el mismo sentido, para ser competitiva.

– Por otra parte, no hay que olvidar que la banca no regulada (la banca en la sombra, la banca digital) amenaza con ir comiendo el terreno a la banca comercial.

– Todo esto, en el contexto de lo que se percibió como la gran panacea: la Unión Bancaria Europea, el MUS y el MUR. Pero resulta que la regulación europea, que exige más capital (eso sí, de naturaleza discutible), ha descuidado la supervisión y el saneamiento preventivo de los balances.

– No olvidemos tampoco que las divergencias entre las normas contables y las prudenciales generan inhibiciones serias en auditores y supervisores.

– Por si fuera poco, el mundo sufre una seria inestabilidad geopolítica en frentes estratégicos clave, internacionales y nacionales.

 
 
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