Número 153 - Enero de 2019
 
REPORTAJES
 

“Warren fue la impusora de la Oficina del Defensor del Consumidor Financiero pero Geithner la vetó para ocupar el puesto”

 
     
ESTADOS UNIDOS: WALL STREET Y LAS PRIMARIAS DEMÓCRATAS  
           
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  Foto: Archivo RC  
   
   

ENTRE LOS CANDIDATOS DEMÓCRATAS PARA ENFRENTARSE A TRUMP EL AÑO PRÓXIMO SE DESTACA EL EX VICEPRESIDENTE BIDEN (ENTRE EL 25 Y EL 30% DE LOS APOYOS) MIENTRAS WALL STREET LE PONE LA PROA A SANDERS Y A WARREN.

   
   

TEXTO: PABLO PARDO (WASHINGTON)

A falta de un año para las elecciones, Wall Street ha entrado de lleno en la carrera por la Casa Blanca. Primero llegó la cadena de televisión CNBC, que es propiedad de Comcast, la mayor empresa de televisión por cable del mundo (y que cuenta entre sus activos con los estudios de cine Universal).

Fue el 26 de septiembre. Ese día, mientras la atención de Estados Unidos estaba centrada en la apertura de las investigaciones para determinar si se iniciaba un proceso de ‘impeachment’ contra el presidente, Donald Trump, CNBC colgó en su página web el siguiente titular: “Los donantes demócratas de Wall Street advierten al partido: Si elegís a Warren nos vamos, o apoyamos a Trump”. Ese mismo día, la estrella de esa cadena, Jim Cramer – cuyo ex compañero de show, Larry Kudlow, es ahora el asesor económico jefe de Trump – decía otra frase para la Historia: “Wall Street está aterrorizado por Warren”.

La fuente de ese “terror” es una señora de setenta años, senadora por Massachusetts, ex profesora de Harvard, hija de una empleada de un ‘súper’ y un conserje llamada Elizabeth Warren, que compite con el también senador – en este caso, de Vermont – Bernie Sanders, para convertirse en la candidata del ala izquierda del Partido Demócrata. Si uno de los dos se alza con ese título, quedarán definidas las líneas de la batalla de las primarias. Por un lado, Warren o Sanders. Por otro, el ex vicepresidente con Barack Obama Joe Biden, el máximo exponente del ala centrista demócrata.

Las diferencias de modelo político económico entre uno y otro sector son tan grandes que es casi como si hubiera dos partidos. El ala izquierda propone un sistema relativamente similar al de la socialdemocracia europea: una sanidad universal que coexista con el actual sistema de seguros privados, una regulación más estricta de Wall Street, y un sistema fiscal progresivo. El ala centrista solo defiende una cosa: librarse de Donald Trump.

La primera opción es la más popular entre los votantes demócratas. La segunda, entre los votantes de centro e independientes. Esas son las líneas de batalla de las primarias demócratas. Y esos son, a día de hoy, los candidatos. Cierto: hay más de 20. Pero solo tres tienen una popularidad clara y sostenida en los dos dígitos: Sanders, Warren, y Biden.

La regla Volcker

Y ahí empiezan las cábalas. Biden tiene un apoyo de entre el 25% y el 30% entre los demócratas. Warren y Sanders llevaban meses empatados en el 15% cada uno hasta que a finales de septiembre la senadora por Massachusetts empezó a aventajar al de Vermont. Y de ahí llegó la entrada de Wall Street con sus amenazas. Unas amenazas que no se quedaron ahí. Trece días después del titular de CNBC y de la frase de Cramer, Sanders, que cumple 78 años el 8 de diciembre, sufrió un infarto. Cuando supo la noticia, Art Cashin, jefe de operaciones del banco suizo UBS en Wall Street, dijo que la hospitalización del senador había hecho que el Dow Jones solo hubiera caído 500 puntos. Si Sanders hubiera estado bien de salud, según Cashin, el desplome habría sido de 800 puntos.

Sea por la razón que sea, Wall Street ha entrado definitivamente en campaña. El mercado tiene dos favoritos: Trump y Biden. El día antes de que el Congreso abriera la investigación sobre el posible impeachment, Trump, su hijo, Don ‘junior’, y la novia de este, Kimberly Guilfoyle – fueron invitados a cenar en su apartamento de Manhattan por el financiero John Paulson. Solo podían asistir parejas. Y cada pareja tenía que pagar 250.000 dólares (228.000 euros). A cambio, podía hacerse una foto con el presidente. Es un precio que no es excesivo si se tiene un apartamento de 2.650 metros cuadrados en la zona más exclusiva de Manhattan, el Upper Est Side, pagado fundamentalmente con los 4.000 millones de dólares (3.650 millones de euros) ganados entre 2007 y 2010. Paulson apostó que el mercado de deuda hipotecaria se iba a estrellar, y ganó. Según sus críticos, porque, simplemente, tuvo suerte y lo hizo en el momento oportuno. Lo cierto es que desde entonces sus fondos han tenido un comportamiento más que mediocre.

Trump tiene apoyos en Wall Street por dos razones fundamentales: su bajada de impuestos a las empresas y a los contribuyentes de rentas más altas y su constante desmantelamiento de las regulaciones al sector financiero impuestas en 2010. Unas regulaciones que tienen en particular dos puntos que han enfurecido a los grandes operadores: establecimiento de la ‘regla Volcker’, que limita las operaciones de autocartera, y la creación de la Oficina del Defensor del Consumidor Financiero.

La ‘regla Volcker’ toma su nombre del hombre que derrotó a la inflación en la década de los ochenta, el presidente de la Reserva Federal Paul Volcker. La Oficina del Defensor del Consumidor Financiero no lleva el nombre de su impulsora. Pero todos saben quién es: Elizabeth Warren. De hecho, la entonces profesora de Harvard resultó ser demasiado izquierdista como para que Barack Obama la pusiera al frente de esa Oficina. El entonces secretario del Tesoro, Tim Geithner, vetó a Warren, y Obama, educadamente, nunca impulsó su nombramiento.

Así fue como Warren decidió entrar en política, y, además, haciéndolo por la puerta grande, con una candidatura al Senado que le valió el escaño que tiene desde entonces. Entretanto, Obama trató de premiar a Geithner por los servicios cumplidos ofreciéndole el cargo de presidente de la Reserva Federal, pero el secretario del Tesoro rechazó el honor, para irse a Wall Street, a dirigir el gigante del private equity Warburg Pincus.

 
 
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