Número 153 - Octubre de 2019
 
REPORTAJES
 

“Para los sindicatos habría que fortalecer la demanda interna e invertir en infraestructuras, en educación y vivienda, y en protección ambiental”

 
     
ALEMANIA: ¿SALVAMOS EL CLIMA O LA ECONOMÍA?  
           
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  Foto: Archivo RC  
   
   

EL GOBIERNO DE MERKEL ESTÁ DE ACUERDO EN AUMENTAR LA INVERSIÓN EN I+D Y EN POLÍTICA CLIMÁTICA, PERO SIN ENDEUDARSE MÁS. TAMPOCO LOS EXPERTOS VEN LA NECESIDAD DE LANZAR UN FUERTE PAQUETE DE ESTÍMULOS FISCALES, POR AHORA.

   
   

TEXTO: LIDIA CONDE (FRÁNCFORT)

Qué salvamos, el clima o la economía, en un momento en que la globalización acelera, impactando sobre todo en la clase media? ¿Cuál es la tercera vía en una etapa histórica en la que la inteligencia artificial y la robotización están generando todavía más conflictos sociales? Alemania debate sobre su futuro. Es un debate existencial, por sus consecuencias para la vida de la gente y para el medio ambiente, y porque la población no está preparada para reaccionar a unos cambios que se suceden con brutal rapidez y son percibidos como injustos.

De solo aire limpio no vive la gente, dice el jefe del partido liberal (FDP), Christian Lindner, del FDP. Si seguimos creciendo así a expensas del planeta, no hay futuro. Pero si solo tenemos en cuenta el equilibrio medioambiental de la Tierra, ¿habrá bienestar para todos? El movimiento degrowth, que apuesta por una sociedad poscrecimiento, modesta pero digna para todos, cuenta en Alemania con muchos seguidores, pero requiere un cambio cultural hoy por hoy inimaginable. La importancia de sus conceptos de futuro explica el éxito de Fridays for future o el auge de Los Verdes, partido que gobierna en 14 de los 16 Gobiernos regionales. Y explica también la transición a la economía verde del Gobierno de Berlín, que le costará 54.000 millones de euros adicionales hasta 2023. El ministro de Finanzas, Olaf Scholz, dispondrá en total de 150.000 millones de euros para la protección climática y medioambiental. El paquete de medidas climáticas, acordado por el Gobierno en septiembre, sienta las bases para cumplir sus compromisos de reducción de gases de efecto invernadero y atender a esa fuerte demanda ecologista de la población.

Sin embargo, el debate sigue: crisis, desempleo y política medioambiental, ¿ponemos en riesgo nuestro bienestar económico?, se preguntan los numerosos programas televisivos informativos. La economía apenas crece. Alemania se despide ahora de una década dorada de crecimiento económico. Su industria sufre tanto bajo la amenaza comercial estadounidense como por la paralización generada por el Brexit y la debilidad de la demanda mundial. Paralelamente las medidas de protección medioambiental y la digitalización obligan a las empresas a eliminar puestos de trabajo, a recolocar a los empleados y a reestructurar la producción.

Año y medio cayendo

El ministro de Economía, Peter Altmaier, afirma que Alemania no está en recesión y que tampoco amenaza una crisis coyuntural. Todavía. Pero los expertos del Instituto económico Ifo hablan ya de recesión en la industria porque la producción sigue cayendo desde hace un año y medio. Tampoco los exportadores alemanes son optimistas. Grandes colosos como Bayer, BASF, VW o ThyssenKrupp han anunciado despidos masivos. Los fabricantes de la maquinaria made in Germany producirán menos (-2%) y facturarán menos. Todavía hay casi pleno empleo. Pero eso puede cambiar. No hace tanto, Alemania tenía casi 5 millones de parados (en 2004). La cuestión ahora es cómo virar. ¿Habría que bajar los impuestos a las empresas? ¿Invertir más, como exigen el FMI y la OCDE? El presidente del Instituto de Investigación económica DIW, Marcel Fratzscher, pide que, en lugar de quejarse por los bajos tipos de interés, la política tendría que ver en ello la oportunidad de invertir inteligentemente en el futuro. También los sindicatos apoyan la tesis de que para fortalecer la demanda interna habría que invertir en infraestructuras, educación, vivienda y protección medioambiental y en una nueva política industrial.

El Gobierno de Merkel está de acuerdo por ahora en aumentar la inversión en ID y en política climática, pero sin endeudarse más. La idea es alcanzar los objetivos climáticos hasta 2030. Hasta entonces Alemania reducirá sus emisiones de efecto invernadero en un 55% respecto a 1990 y la cuota del consumo eléctrico en energías renovables alcanzará el 65% (46% hoy). En su último informe presentado ahora en octubre por los principales institutos económicos alemanes, los expertos piden al Gabinete de Merkel que no se aferren a su compromiso gubernamental de presupuesto equilibrado y déficit cero en el caso de que la desaceleración se recrudezca. El déficit cero es uno de los compromisos de la coalición: el ministro de Finanzas es un firme defensor de no gastar más de lo que se ingresa. En 2019 la economía solo crecerá un 0,5% y, en 2020, alrededor del 1,1%. Los consejeros económicos le dan su visto bueno al paquete climático aprobado por Berlín y al mecanismo de comercio de certificados de emisiones, aunque consideran que el precio de 10 euros por tonelada de emisiones CO2 impuesto a sectores como el transporte y la construcción es bajo. Pero el clima no pasará factura al déficit. No supondrá más deuda. Se financiará en parte con el impuesto a las emisiones de 10 euros hasta 2021 y con los certificados. Pendientes de regular están los nuevos impuestos al tráfico aéreo y a los coches.

La crítica que se hace a la apuesta verde del Gobierno de Merkel es que costará empleo. Los grandes fabricantes de coches advierten que la construcción del coche eléctrico precisa menos trabajadores y una mano de obra diferente, con nuevos conocimientos y habilidades. Y ello sin que esté claro si se venderán bien los nuevos coches ecológicos. También los proveedores actuales del automóvil sufrirán el cambio. El sindicato IG Metall calcula que la tranformación verde costará por lo menos 150.000 empleos hasta 2030.

 
 
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