Número 149 - Mayo de 2019
 
REPORTAJES
 

“En el 3T18 se creció al 0,5%; en el 4T18 al 0,6% y al 0,7% en el 1T19. Según la EPA, la tasa anual de aumento del empleo (3,16%) es la más alta desde el 1T16”

 
     
ESPAÑA: MÚSICA INQUIETA “MA NON TROPPO”  
           
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  Foto: Archivo RC  
   
   

TEXTO: JOAN TAPIA (BARCELONA). LA ECONOMÍA ESPAÑOLA CRECE MÁS DE LO PREVISTO Y YA NO ESTÁ SOMETIDA A LA VIGILANCIA ESPECIAL DE BRUSELAS, PERO PREOCUPAN TANTO LA DESACELERACIÓN COMO QUE LA GOBERNABILIDAD DEPENDA DE UN PACTO CON PODEMOS.

   
   

La economía española va algo mejor de lo esperado. Llevamos semanas hablando de la desaceleración, pero resulta que el crecimiento del PIB en el primer trimestre ha sido del 0,7% frente al 0,6 del último del 2018 y al 0,5% del tercero del año pasado. Además, en la zona euro, donde los temores hacen que el BCE haya retrasado la subida de tipos de interés, el PIB también ha mejorado y ha pasado del 0,2% en el último trimestre del pasado año al 0,4% en el primero del 2019. Y en Estados Unidos el desempleo ha bajado en abril al 3,6%, la tasa más baja en cincuenta años.

¿Son, pues, exagerados los temores generalizados sobre la economía mundial que por fuerza nos tendrían que afectar y que llevan a que Christine Lagarde, la directora general del FMI, advierta de una desaceleración sincronizada? Seguramente no y el nerviosismo en los mercados es evidente, aunque el Ibex se ha revalorizado un 12% en los cuatro primeros meses.

El último informe de la Comisión Europea, conocido el 7 de mayo, prevé que la economía española crezca este año un 2,1% y un 1,9% en el 2020, cifras prácticamente iguales a las del Gobierno y que volverán a situar a España por encima de la media europea, que estará respectivamente en el 1,4 y 1,6%. Y las cifras de la EPA del primer trimestre, en el que como cada año se ha destruido empleo, son mejores que las del mismo trimestre del pasado año y, más relevante, la tasa anual de aumento del empleo (3,16%) es la más elevada desde el primer trimestre del 2016.

La economía está, pues, razonablemente bien, pero es cierto que hay motivos de inquietud. El mismo Pierre Moscovici, el comisario europeo, ha certificado que el déficit español cayó en el 2018 al 2,5%, por debajo del 3%, por lo que España ha salido por primera vez desde la crisis de estar entre los países sometidos por Bruselas a vigilancia especial, pero sus previsiones para este año y para el próximo son algo más pesimistas que las del Gobierno (2,3% y 2%) cuando el plan de estabilidad enviado a Bruselas prevé que el 2% se alcance este mismo año y una corrección aún mayor en el 2020. Pero son desviaciones nada dramáticas (también ocurrirán en otros países como Francia) que a corto plazo incluso pueden aguantar la economía, aunque rebajan el ritmo de descenso de la deuda pública, que debe ser el objetivo a no olvidar.

Los empresarios están también menos optimistas. En la asamblea anual del Instituto de la Empresa Familiar, celebrado una semana después de las elecciones, la nota con la que califican la situación económica es, por primera vez en cinco años, inferior a la del pasado ejercicio (5,6 frente a 6,4) y los que prevén un moderado aumento de la actividad han pasado del 85% al 45% mientras que los que contemplan aumentar la plantilla en España han bajado del 37% al 19%. No obstante, el 71% cree que este año aumentarán sus ventas y el 67% que incrementarán su inversión en España. En los dos casos es una mejora de cuatro puntos sobre el 2018.

Lo previsto

El resumen es que flota una cierta inquietud general y global corregida por unos datos macro y unas expectativas empresariales que, al menos por el momento, son bastante satisfactorias. ¿Cómo afectarán a esta coyuntura algo incierta el resultado electoral y el nuevo gobierno que se formará tras las elecciones europeas, autonómicas y municipales del 26 de mayo? El resultado electoral ha sido el previsto por las encuestas, por lo que no ha sorprendido. Y tiene lógica porque mientras la derecha se había dejado arrastrar a un cierto catastrofismo y a un programa algo maximalista (en especial respecto a Cataluña), el PSOE ha sabido presentarse como una opción moderada de centro-izquierda, que busca consensos y mejoras sociales. Cosas que suenan bien, pero que son más fáciles de enunciar que de llevar a la práctica.

El discurso de Pedro Sánchez, algo vaporoso, ha sido más racional que el de Pablo Casado que ha cometido el error de situarse a la derecha de Rajoy y de acercarse a Vox. C´s ha mejorado resultados, de 32 a 57 escaños, pero no ha visto cumplirse ninguno de sus dos grandes objetivos (mayoría de derechas y superar al PP). Y Podemos ha bajado (el crecimiento económico y sus divisiones internas les han castigado), pero no tanto como en algún momento se llegó a barajar.

El problema ahora es la gobernación, porque pese a que Pedro Sánchez ha tenido una gran victoria (ha pasado de 84 a 123 escaños), está muy lejos de la mayoría absoluta y necesitará complicados pactos para gobernar. El mundo económico preferiría una alianza PSOE-C´s, que tendría mayoría absoluta clara y gobernaría en el centro (socialdemocracia bajo vigilancia liberal), pero escribiendo el 8 de mayo parece que, al menos a corto plazo, este pacto no se va a ser posible.

El objetivo de Rivera es erigirse como el líder indiscutible del centro-derecha achicando los apoyos del PP para lo que consensuar con los socialistas sería contraindicado. Por eso ha ofrecido al PSOE un pacto cuyo primer punto es otro 155 para Cataluña, lo que es una forma de proclamar con claridad que no quiere ningún acuerdo.

¿Pase lo que pase?

Y Pedro Sánchez, contento o resignado, parece que se lo esperaba y le ha respondido con dos decisiones que son dos bofetadas. Una, pactar la mesa del Congreso con Podemos, lo que tendrá consecuencias posteriores y es un claro indicio de un pacto de programa con Podemos, como al que se llegó para los presupuestos del 2019 o, menos probable, de un gobierno de coalición PSOE-Podemos, que es lo que más riesgos podría tener porque Podemos todavía no ha dicho si cree en el euro (como Tsipras ahora) o apoya las descabelladas posiciones de Varoufakis, que creía que Alemania cedería si Grecia amenazaba con salir de la moneda única. En Grecia el desenlace fue que Tsipras acabó dimitiendo a Varoufakis. ¿Qué dice Iglesias? No sabe, no contesta.

 
 
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