Número 158 - Marzo de 2020
 
REPORTAJES
 
Para extender las nogociaciones, Londres tendría que pedirlo antes del 1 de julio    
     
LOS ERRORES DEL REINO UNIDO  
       
 
     
     
     

PRIMERO, SE EROSIONÓ EL GRAN PILAR DEL DINAMISMO ECONÓMICO BRITÁNICO EN FORMA DE CERTIDUMBRE DE LAS REGLAS DE JUEGO, EN CONCRETO, DE LAS REFERIDAS A LAS RELACIONES CON LOS SOCIOS EUROPEOS, Y, AHORA, SE TRATA DE LIMITAR EL NECESARIO FLUJO DE TRABAJADORES HACIA EL PAÍS. LOS ERRORES SE ACUMULAN EN LONDRES Y LO PREOCUPANTE ES QUE ESTOS SON DE GRAN IMPORTANCIA... EN LOS PRÓXIMOS MESES DICE QUERER CERRAR UN ACUERDO DE LIBRE COMERCIO CON LA UE, PERO MANTENIENDO TOTAL SOBERANÍA REGULATORIA; UNA PROPUESTA INASUMIBLE PARA BRUSELAS, EQUIVALENTE A DEJAR VÍA LIBRE A UNA POSIBLE COMPETENCIA DESLEAL DEL REINO UNIDO, QUE ABRIRÍA LA PUERTA A UN PELIGROSO PROCESO DE DESLOCALIZACIÓN PARA LA UE.

   
     
    Foto: Archivo RC  

TEXTO: FRANCISCO VIDAL (INTERMONEY)

El éxito de la economía británica se había sustentado en un marco institucional claro y predecible que transmitía gran confianza a los agentes económicos, los cuales también contaban con reglas más flexibles que en otros países y que dotaban al Reino Unido de una mayor permeabilidad a la inversión extranjera y la llegada de trabajadores foráneos. Esta situación se tradujo en un crecimiento promedio de la economía británica del 2,2% entre 1996 y el momento de la celebración del referéndum del brexit, junio de 2016, cuando en el mismo lapso el crecimiento de la Eurozona promedió un 1,5%.

Las fortalezas del marco institucional británico empezaron a resquebrajarse con el NO a la UE, pues derivaron en un largo periodo de incertidumbre que no acabó el pasado 31 de enero con la salida del Reino Unido del club comunitario. Los antiguos socios todavía tienen que acordar el marco futuro de las relaciones económicas y políticas, asistiendo actualmente a una posición negociadora de máximos por parte de los británicos que resulta poco viable. El gobierno de Boris Johnson busca un acuerdo de libre comercio con la UE, pero manteniendo total soberanía regulatoria; un planteamiento inasumible para Bruselas ya que esto sería equivalente a dejar vía libre a un potencial escenario de competencia desleal del Reino Unido y abrir la puerta a un peligroso proceso de deslocalización para la UE.

¿Credibilidad?

Por lo tanto, las negociaciones entre Londres y Bruselas todavía darán lugar a una importante incertidumbre y, seguramente, se salden con un marco institucional para los intereses económicos británicos bastante menos favorable de lo esperado por las autoridades del Reino Unido. De momento, el diferencial de crecimiento entre el Reino Unido y la UEM, que resultaba favorable al primero hasta mediados de 2016, ha dado un vuelco. Entre el 3tr16 y finales de 2019, la Eurozona creció a un ritmo promedio del 1,9% a. que superó el 1,6% a. cosechado por el Reino Unido.

Hasta mediados de 2016, la fortaleza del marco institucional británico y, sobre todo, el elevado grado de certidumbre que trasmitía a los agentes económicos había generado una gran credibilidad de las autoridades del Reino Unido. Por ejemplo, dicha credibilidad permitió que el mercado casi fuese indiferente a las desviaciones presupuestarias del país. En junio de 2010, la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria del Reino Unido (OBR por sus siglas en inglés) proyectó que el déficit público pasaría de rondar el 11% del PIB en 2010-2011 a reducirse hasta 3,5% en 2013-2014 y 1,1% en 2015-2016. Finalmente, las cifras reales resultaron bastante peores, pues el déficit público del Reino Unido alcanzó el 5,55% del PIB en 2014 y el 3,34% en 2016. Sin embargo, más a allá de la generosidad de las políticas monetarias a escala global, la citada credibilidad de las instituciones británicas fue lo que evitó las presiones que se habrían ganado otros países por dicho incumplimiento.

Desgraciadamente, en los últimos años, las decisiones de las autoridades del Reino Unido han horadado uno de sus principales activos en forma de certidumbre institucional y credibilidad y, ahora, también ponen en entredicho otra de las claves del éxito económico del país: la permeabilidad a los trabajadores extranjeros. Una permeabilidad que, en el momento actual, sigue siendo muy necesaria ya que el número de puestos de trabajo vacantes en el Reino Unido ascendía a 810.000 el pasado enero y, además, el escenario es acorde con el pleno empleo. De hecho, también en enero, el número total de parados ascendía sólo a 1,29 millones y esto se traducía en una tasa de desempleo del 3,8%, en base a la definición de la Organización Internacional del Trabajo.

Con poco margen

Las fricciones desde la perspectiva de la oferta son evidentes en el mercado laboral del Reino Unido y coartan la capacidad de crecimiento del país sin que la reducción del número de personas inactivas sea la solución, a pesar de lo defendido en círculos gubernamentales. A finales de 1989 y durante gran parte de 1990, la tasa británica de actividad llegó a registrar máximos del 64,5% y, actualmente, se encuentra en el 64,1%; cifra que representa su mejor registro desde principios de los años noventa. Por lo tanto, el potencial margen de mejora de la población activa se antoja escaso, sobre todo, si analizamos los motivos detrás de la inactividad de 8,49 millones británicos de entre 15 y 64 años de acuerdo con los datos del pasado diciembre.

El grueso de los inactivos, 2,26 millones, se correspondía con personas que están mejorando su formación o cursando estudios, mientras que 2,1 millones sufrían una enfermedad de larga duración, otros 1,89 millones estaban dedicados al cuidado de familiares, 1,12 millones se encontraban en situación de retiro y 160.000 estaban temporalmente enfermos. Por lo tanto, se antoja complicado que el 88,4% de los inactivos británicos se incorpore al mercado laboral, debiendo asumir que en un país como Reino Unido siempre existirá un parte importante de la población invirtiendo el tiempo en mejorar su formación; circunstancia que resulta clave para el buen devenir de la economía en el futuro.

 
 
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