Número 141 - Septiembre de 2018
 
REPORTAJES
 
Canadá insiste en mantener el Capítulo XIX sobre resolución de disputas y designación de árbitros    
     
NAFTA: SALVAR EL ACUERDO, TRIPARTITO  
       
 
     
     
     

EL GRAN ESQUEMA OPERATIVO DE COOPERACIÓN AUTOMOTRIZ CON MÉXICO SE MANTIENE, SOBRE LA BASE DE QUE EL 75% DE CADA VEHÍCULO SE FABRIQUE REGIONALMENTE, Y EL 55% DE ESA PROPORCIÓN SE RESERVE A MÉXICO, CONDICIONADO A LA APLICACIÓN DE UN RÉGIMEN SALARIAL DE 16 DÓLARES POR HORA, UN SALARIO QUE SOLO TIENE HOY UN 0,5% DE LA POBLACIÓN MEXICANA (...) PROBABLEMENTE TRUMP ESPERA QUE ESTE ACUERDO CON MÉXICO VUELVA MÁS RECEPTIVOS A LOS NEGOCIADORES CANADIENSES, QUE HAN DEJADO CLARAS CUÁLES SON SUS LÍNEAS ROJAS.

   
     
    Foto: Archivo RC  

TEXTO: LUIS MARTÍ

Es probable que haya de transcurrir mucho tiempo para entender el documental completo rodado en Washington a propósito de la renegociación del acuerdo NAFTA-1994 de libre comercio entre EEUU, Canadá y México. A esta alturas, y con la excepción de los desahogos públicos del presidente Trump, solamente conocemos fragmentos de fiabilidad no contrastada. El montaje de todo el episodio, necesitado de alguna narrativa coherente, parece, de momento, imposible .

Amago, y paso atrás: Faltó tiempo a Trump, en cuanto candidato lo mismo que como presidente, para manifestar su actitud de rechazo incondicional hacia NAFTA. En el caso de México, asociando su postura a temas migratorios y a la exigencia imperiosa de que el país vecino financiase la construcción de un muro que cerrase el largo tramo de frontera todavía libre. “Es el peor acuerdo de la Historia”. Los votantes en el Rust Belt, blancos no cualificados, comprendieron fácilmente la simple lógica de que las concesiones reconocidas en NAFTA por administraciones anteriores, explicaban sin más la pérdida de puestos de trabajo en favor de colegas mexicanos.

El presidente insistió con virulencia una y otra vez en la opinión de que EEUU debiera renegociar el acuerdo a su entera satisfacción, o denunciarlo. Es indudable que poderosos intereses se movieron con habilidad y en mayo de 2017 Trump rebajó el tono y suspendió la amenaza de retirar a EEUU del acuerdo. Era necesario renegociarlo. El US Trade Representative (USTR), Robert Lighthizer notificó esta intención al Congreso, y en julio, después de diversas consultas con estamentos políticos y económicos, remitió el Summary of Objectives requerido por la legislación.

Arranque de una negociación

En EEUU, al amparo de una legislación cuyo origen se remonta a la Gran Depresión, el desarrollo trabajoso de negociaciones comerciales internacionales está encomendado al poder ejecutivo, pero las cámaras se reservan el derecho a dictaminar si una negociación determinada ha respetado el Summary of Objectives correspondiente y defendido debidamente los intereses del país. Existe un juego de equilibrios políticamente interesante, porque cada proyecto de acuerdo, una vez presentado y defendido ante determinados comités de Congreso y Senado, ya no es objeto de debate, sino que se somete a votación única sin enmiendas. Hay un riesgo evidente para la administración, de modo que el miembro del gabinete responsable de la negociación, el USTR, o el mismo presidente, han de mantener cumplidamente informados a miembros de los comités sobre toda incidencia relevante surgida en el curso de una negociación.

La actual administración comunicó oficialmente su intención de renegociar el tratado de libre comercio NAFTA: no de hacer uso de la cláusula que permite a cada una de las partes notificar a las otras su propósito de denunciar el acuerdo al cabo de 90 días. Las cámaras esperan, por tanto, recibir formalmente un texto reformado del tratado tripartito NAFTA, un nuevo texto conjunto, no dos acuerdos bilaterales, y mucho menos, un acuerdo con México y ninguno con Canadá. De momento, la táctica de la administración consiste en negociar separadamente y luego reunir los acuerdos en un texto único.

México, un paso adelante. La negociación con México se cerró en agosto. El gran esquema operativo de cooperación automotriz se mantiene sobre la base de que el 75% de cada vehículo se fabrique regionalmente, y de que el 55% de esa proporción se reserve a México condicionado a la aplicación de un régimen salarial de US$ 16/hora. Aunque algunos coeficientes se retocan ligeramente en favor de EEUU, el compromiso en materia salarial es la concesión más llamativa. Solo un 0,5% de la población ocupada en México percibe remuneraciones de ese monto o superiores. El salario de un técnico especializado en el sector automóvil puede estimarse entre US$ 5-7/hora (El Universal, 30 agosto). Trump y sus votantes quieren “retirar la ventaja laboral de México y regresar la manufactura a EEUU" (ibid). No solo eso: el texto firmado compromete además a México a revisar su legislación interna y proporcionar un reconocimiento efectivo del derecho de sus trabajadores a negociaciones colectivas (fact-sheet del USTR, 27 agosto). Son compromisos sumamente exigentes que probablemente el nuevo gobierno de México tenga que conciliar con programas ambiciosos de desarrollo territorial y de reconsideración de sus factores de competividad (Rodríguez Cortés, El Universal, 31 agosto). Sobre el papel, y en principio, parece un alto precio a fin de mantener el marco contractual vigente. Trump puede exhibirlo ante sus fieles del Rust Belt, y al mismo tiempo, esgrimirlo como ejemplo de fuerza ante el gobierno canadiense como próximo interlocutor. Probablemente Trump espera que este ejemplo de firmeza haga más receptivos a los negociadores canadienses a su pliego de concesiones.

Incidentalmente, las concesiones arrancadas a México sin duda animaron a Trump a reavivar la exigencia obsesiva del muro fronterizo. Al resumir la valoración del texto firmado, dejó caer estas palabras, “… [el muro] lo pagará muy fácilmente, lo pagará México… en último término [recalcó], lo pagará México”. Un tweet del canciller mexicano cerró apresuradamente cualquier diálogo ese mismo día [28 agosto], “…lo que simplemente NUNCA va a suceder es que México pague por el muro...”

Canadá, el socio estable

Canadá es socio de EEUU en el sentido más amplio del término: aliado político en la escena internacional, aliado militar incluso en dudosas aventuras bélicas, con un sistema económico y financiero estrechamente vinculado con EEUU. Es el primer mercado para la exportación de EEUU, y segundo o tercer suministrador. En 2017, Canadá registró superávit comercial frente a EEUU, pero un fuerte déficit en intercambio de servicios Según los años, Canadá es primer o segundo socio comercial, habitualmente con superávit en el intercambio de bienes y con déficit en el de servicios.

Es difícil comprender la larga serie de manifestaciones agresivas del presidente Trump respecto a lo que, en base a historia reciente, puede llamarse sin reservas un país “amigo”, un país en frecuente sintonía con la política y economía de EEUU. Puede tratarse solamente de estudiadas amenazas peparatorias de una negociación, aunque el tono y la forma de expresión resulten desmedidos. Un reciente episodio lo proporcionó la filtración de unas declaraciones del presidente, supuestamente confidenciales, a la agencia Bloomberg (30 agosto): "Un acuerdo NAFTA con Canadá será enteramente bajo nuestras condiciones [de EEUU]”… No haré cesiones a Canadá: [decir] esto es tan insultante, que si lo dijera públicamente, [los canadienses] no podrían negociar un acuerdo...” Comentando la filtración, Trump la calificó como “información deshonesta” pero añadió: “Al fin y al cabo, [lo ocurrido] está bien, al menos Canadá ya sabe cuál es mi postura" (The Toronto Star, 29 de agosto).

 
 
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