Número 149 - Mayo de 2019
 
REPORTAJES
 
   
     
BREXIT: LO QUE SÍ SABEMOS      
       
 
  Foto: Archivo RC  
   
   
OFELIA MARÍN-LOZANO, CONSEJERA DELEGADA DE 1962 CAPITAL SICAV
 

LAS 600 PÁGINAS NEGOCIADAS DURANTE TRES AÑOS, CON NÚMEROS Y PLAZOS, ESTÁN CERRADAS. SON OTRAS 30, LAS DE LA "POLITICAL DECLARATION", LAS QUE GENERAN TANTAS DIFERENCIAS, INCLUSO DENTRO DE UN MISMO PARTIDO.

 
   

El 12 de abril era la fecha límite para que el Reino Unido decidiera si salía de la Unión Europea sin acuerdo o, por lo contrario, solicitaba una nueva prórroga. El escenario más temido por los mercados, el de un Brexit sin acuerdo, ha sido descartado. La Unión Europea ha concedido a los británicos una nueva prórroga, que vence a finales de octubre de este año 2019, para ver si finalmente llegan a alguna conclusión. De momento, los británicos tendrán que convocar elecciones al Parlamento Europeo, y las llevarán a cabo siempre que, antes de la fecha prevista para su celebración, el 23 de mayo, no hayan sido capaces de alcanzar una mayoría para sellar el acuerdo de salida ya negociado con la Unión Europea. Si el Parlamento británico decidiera aprobar el acuerdo negociado por el gobierno de Theresa May con la Unión Europea antes del 23 de mayo, no se celebrarían elecciones europeas en el Reino Unido, que dejaría de ser miembro de la UE inmediatamente. ¿Es posible que antes del 23 de mayo el Parlamento británico apruebe el acuerdo negociado entre May y la UE? ¿Qué tendría que pasar para que un acuerdo rechazado tres veces por la cámara de los comunes sea finalmente aprobado?

El acuerdo, tal como está, difícilmente será confirmado. Pero no es completamente descartable que un acuerdo, ligeramente retocado, pueda ser aprobado por el parlamento británico antes del 23 de mayo y, en consecuencia, el Reino Unido abandone la Unión Europea sin haber tenido que celebrar elecciones al Parlamento europeo. Para explicarlo de forma sencilla, podríamos decir que el acuerdo que tiene que ser aprobado consiste en dos documentos: El withdrawal agreement, el auténtico documento que sella los términos concretos, cuantificados en importes monetarios y, aproximadamente también, en plazos temporales, de la salida del Reino Unido de la Unión. Es un documento de casi 600 páginas que ha sido negociado con gran detalle durante casi tres años. Este documento es intocable, y debería ser aceptado íntegramente por parte del Reino Unido. La Unión Europea no abrirá una renegociación sobre el mismo. El principal partido de la oposición en el Reino Unido, el laborista, en principio está de acuerdo con dicho documento. El segundo documento, la political declaration, es un texto separado del acuerdo propiamente dicho, que consiste en una declaración general de intenciones, no jurídicamente vinculante, abstracta y difusa (redactada por políticos, a diferencia del withdrawal agreement que ha sido redactado por altos funcionarios), de menos de treinta páginas. Es sobre este documento, la political declaration, sobre el que existen diferencias entre partidos (y dentro de un mismo partido).

Al final, en dicha declaración se intenta manifestar con qué planteamientos (si con voluntad de desligarse mucho, poco, o casi nada de las normas comunitarias, una vez fuera), se afronta la salida. En el argot, si se va a una relación entre el Reino Unido y la UE similar a la que con la Unión mantiene un país tercero, lejano, pero amigo, como Canadá, o más bien a una relación muy íntima, compartiendo aduanas, regulaciones técnicas, sin restricciones en circulación de personas, mercancías y servicios, como la de Noruega. O cualquier cosa a medio camino entre ambas. El cambio de redacción de tres o cuatro párrafos en dicha declaración (que dijera, por ejemplo, que el Reino Unido estaba abierto a una unión aduanera, en lugar de dejar ese tema más difuso, como en la actualidad, aunque sin comprometerse jurídicamente a nada), sería algo perfectamente factible. Probablemente, si la Unión Europea no hubiera concedido una nueva prórroga, en los dos días que quedaban para el vencimiento del plazo del 12 de abril, y para evitar una salida desordenada, caótica y lesiva sobre todo para el Reino Unido, May y Corbyn (el líder de la oposición laborista), hubieran retocado los cuatro párrafos de generalidades con gran rapidez.

Pero, muy probablemente también, una vez descartada una inminente caída por el precipicio, volvamos a la pequeña política de cálculos, no ya solo partidistas, sino estrictamente personales. En el partido conservador lo que realmente preocupa es quién será el sucesor de May. La premier británica no puede ser destituida de su puesto de líder del partido hasta diciembre (tras haber superado con éxito un procedimiento interno que pedía su revocación hace cuatro meses). Por lo tanto, hasta finales de octubre estará ella, y solo podría caer con una moción de censura que llevara a nuevas elecciones generales. Los candidatos a su sucesión, hoy por hoy, se muestran partidarios de un Brexit duro, y abiertamente opuestos a llegar a ningún consenso de retoque de la political declaration con el partido laborista. En el partido laborista conviven también distintas sensibilidades ante el problema. Desde los partidarios de permanecer en la UE, que abogan por un segundo referéndum, a los partidarios del Brexit, eso sí pactado y con algo parecido como mínimo a una unión aduanera, que hubieran estado dispuestos a llegar a un pacto con May.

Con medio año por delante, y unas elecciones europeas a mitad de camino (que podrían crear conflictos dentro de cada uno de los partidos, y dar aire a otros partidos como el eurófobo UKIP), la opción de unas elecciones anticipadas en el Reino Unido no es descartable. Menos probable parece la convocatoria de un segundo referéndum, que solo sería planteable si, tras unas elecciones generales, el partido ganador fuera el laborista y, dentro de él, la facción más favorable a seguir en la UE ganara peso.

 
 
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