Número 156 - Enero de 2020
 
REPORTAJES
 
   
     
TRANSICIÓN ENERGÉTICA Y SISTEMA FINANCIERO (I)  
       
 
    Foto: Archivo RC  
     
     
JAIME TERCEIRO LOMBA
 

“NO DEJA DE SER DECEPCIONANTE CONSTATAR QUE, EN LOS AÑOS EN LOS QUE SE DEBATE CÓMO DEBERÍAMOS REDUCIR LAS EMISIONES DE CO2, SE ESTÁ ACELERANDO LLAMATIVAMENTE LA CANTIDAD DE CO2 QUE ESTAMOS INTRODUCIENDO EN LA ATMÓSFERA” (...) “DESDE 1900, EL USO DEL CARBÓN HA AUMENTADO MÁS DE OCHO VECES; Y A PARTIR DEL AÑO 2000, EN MÁS DEL 60%. TAMPOCO HA DISMINUIDO NUNCA EL CONSUMO DE PETRÓLEO Y GAS, PUESTO QUE, APROXIMADAMENTE, SE HA DUPLICADO DESDE 1973. EN LUGAR DE DESPLAZAR A LOS COMBUSTIBLES ANTIGUOS, EL PETRÓLEO Y EL GAS NATURAL, LUEGO LA ENERGÍA NUCLEAR Y, MÁS RECIENTEMENTE LA ENERGÍA EÓLICA Y LA SOLAR SE HAN AGREGADO A LAS YA EXISTENTES. NO HA HABIDO UN PROCESO DE SUSTITUCIÓN, SINO, SIMPLEMENTE, DE ADICIÓN”.

   
     
       

Resumen. Después de una breve exposición de la evidencia científica sobre el cambio climático (CC), se pone especial énfasis en la caracterización del problema desde un punto de vista económico, para luego repasar cuáles son las estrategias que los distintos grupos de interés han utilizado para dificultar la transición energética. Se confirma que lo han hecho con éxito, ya que, como se razonará, tal transición todavía no ha comenzado. A continuación se analizan los intentos de alcanzar acuerdos dentro de coaliciones internacionales para definir un precio del carbono que tenga en cuenta su coste social y facilite la transición a otro sistema energético descarbonizado. Se exponen las causas de los magros resultados que se han obtenido, derivados de que ninguno de estos acuerdos cumplió los tres requisitos básicos que los deben caracterizar: ser eficaces, ser equitativos y ser creíbles.

En la segunda parte del trabajo se hace referencia a los riesgos y a las oportunidades que la transición energética presenta en el sistema financiero. Se hace especial hincapié en los problemas potenciales que puede generar a la estabilidad financiera el retraso en la toma de decisiones, tanto en la publicación de información financiera de los agentes relacionados con el CC como en la consideración de los riesgos derivados de la transición energética. Se constata que el relato de la gravedad del problema que representa el CC está asumido por la mayoría de las instituciones financieras, incluyendo las reguladoras y las reguladas. Sin embargo, es también evidente el poco progreso que, en la práctica, se ha conseguido para abordar con determinación y rigor este crítico problema. Se termina explicando que, en las circunstancias actuales, no parece razonable esperar que el sistema financiero desempeñe un papel significativo en la canalización de los considerables recursos económicos necesarios para la financiación de una nueva infraestructura energética.

1. Introducción

La temperatura media de la superficie de la Tierra es hoy 1ºC superior a su valor de antes de la industrialización de nuestras economías, tomando como referencia el valor medio del período 1850-1900. Se requerirán cambios muy profundos en nuestro modelo de crecimiento para conseguir mantener tal subida por debajo de los 2ºC. Traspasado ese límite, la ciencia advierte de la alta probabilidad de que nuestro medio natural sufra cambios drásticos e irreversibles, que pondrían en peligro el bienestar de las futuras generaciones.

Más aún, los últimos estudios y las evidencias empíricas señalan que la realidad del cambio climático supera las previsiones más pesimistas y que sería exigible que ese umbral se fijara en 1,5ºC. Afrontar este problema requiere, ineludiblemente, romper, o debilitar drásticamente, el fuerte vínculo que existe entre la actividad económica y la emisión de una serie de gases causantes del llamado «efecto invernadero».

El «efecto invernadero» es el nombre por el que se conoce un fenómeno natural originado por varios gases presentes en la atmósfera, que condicionan la temperatura de la Tierra y sin los cuales esta sería, aproximadamente, de 21ºC menos, lo que la haría inhabitable. Además del vapor de agua, los principales gases de efecto invernadero (GEI) son los siguientes: dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (N2O), hexafluoruro de azufre (SF6), los compuestos perfluorados (PFC) y los hidrofluorocarburos (HFC). Aunque la concentración atmosférica y las características de cada uno de estos gases son distintas (en particular, su capacidad para absorber la radiación terrestre), en la práctica su efecto conjunto se convierte en términos de concentración equivalente de CO2. En todo caso, hay que resaltar que el principal GEI es el CO2, que en los últimos dos siglos ha contribuido, aproximadamente, al 80% de dicho efecto.

El proceso de efecto invernadero puede describirse de manera elemental como sigue: la Tierra recibe la energía procedente del Sol en ondas de alta frecuencia que traspasan la atmósfera con suma facilidad y que se reflejan en la superficie terrestre. Esta, a su vez, las devuelve hacia el espacio, pero en una frecuencia sensiblemente menor, debido a que su temperatura es más baja. No obstante, no todas estas radiaciones vuelven al espacio, puesto que los GEI absorben una parte sustancial, en la medida en que estas tienen una capacidad de penetración menor que las que proceden directamente del Sol. Se alcanza así un equilibrio térmico cuando la energía que proviene del Sol se compensa con la que se irradia al espacio.

Resulta obvio que este equilibrio térmico puede verse seriamente afectado si, por cualquier causa, los GEI aumentan su concentración en la atmósfera. Esto produciría una mayor absorción de las radiaciones reflejadas en la superficie terrestre y una reducción en la expulsión de calor al espacio, todo lo cual se traduciría en un mayor calentamiento del planeta. Es lo que conocemos como «efecto invernadero». Este proceso de calentamiento global está en el origen del CC, entendido como un cambio significativo y permanente de los estándares globales o locales del clima. Se manifiesta en el calentamiento de la atmósfera y de los océanos, en los cambios del ciclo del agua, en la pérdida de superficie y de masa de hielo y de nieve, en el aumento del nivel del mar y en la aparición de nuevos fenómenos climáticos extremos. El stock de GEI acumulado en la atmósfera condicionará, en gran medida, la dinámica del incremento del calentamiento global. Este efecto será duradero y permanecerá durante siglos, incluso si a partir de un determinado momento los flujos de GEI disminuyeran drásticamente.

2. Evidencia del cambio climático

Las propiedades de los GEI fueron analizadas por el físico francés Jean-Baptiste Fourier en la década de 1820, y fue el químico sueco Svante Arrhenius, premio nobel en 1903, quien en 1896 sostuvo, por primera vez, que los niveles de concentración de CO2 afectan al balance térmico de la Tierra. Hace, pues, más de 120 años que la ciencia se está pronunciando sobre este grave problema.

En este hecho ha puesto énfasis el nobel de economía del pasado año, William D. Nordhaus (2018a), con las palabras que pronunció en el transcurso del banquete del premio, el 10 de diciembre de 2018, al afirmar que «la ciencia del cambio climático se fundó en 1896, el mismo año en que Alfred Nobel murió y estableció estos premios. En ese año, el químico sueco Svante Arrhenius proporcionó la primera predicción numérica del impacto de la duplicación del dióxido de carbono en la atmósfera. Su estimación de que representaría un incremento de 5,1°C es notablemente cercana a las cifras proporcionadas por los modelos más validados en la actualidad».

El análisis de la actividad económica de los últimos siglos pone de manifiesto la clara relación causal que existe entre crecimiento económico y emisión de GEI, de tal manera que su concentración en la atmósfera ha ido aumentando paulatinamente y de forma ininterrumpida con los flujos de las emisiones. Por otra parte, estos flujos han ido variando de acuerdo con los correspondientes ciclos económicos, con la transformación de la industria de generación de energía eléctrica y con los cambios en la utilización del suelo. Los indudables desarrollos tecnológicos han hecho que, a lo largo del tiempo, cada unidad de PIB requiera menos emisiones de GEI, es decir, lo que se denomina «intensidad del carbono en la economía» ha ido disminuyendo ligeramente. Sin embargo, no se está produciendo mejora alguna en el indicador que se conoce como «intensidad del carbono en el suministro energético» (emisiones de CO2/suministro total de energía primaria), que prácticamente se mantiene constante. Es evidente que hay mucho margen de mejora en este indicador o, dicho de otro modo, que hace falta suministrar energía primaria que genere menos emisiones de CO2.

 
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“ENTRE LOS 388 FONDOS DE PENSIONES QUE YA EXISTÍAN EN DICIEMBRE DE 2004 SOLO 22 SUPERARON LA RENTABILIDAD DEL IBEX 35 (PROMEDIO ANUAL 5,07%) Y 49 LA DE LOS BONOS DEL ESTADO A 15 AÑOS (PROMEDIO ANUAL 3,88%). TRES FONDOS TUVIERON RENTABILIDAD NEGATIVA. LOS 1.004 FONDOS DE PENSIONES DEL SISTEMA INDIVIDUAL TENÍAN (DICIEMBRE 2019) 7,4 MILLONES DE PARTÍCIPES Y UN PATRIMONIO DE €78.532 MILLONES. ¿POR QUÉ EL ESTADO NO PERMITE A LOS FUTUROS PENSIONISTAS QUE AHORRAN E INVIERTEN POR SU CUENTA LAS MISMAS VENTAJAS FISCALES QUE SI INVIERTEN EN FONDOS?”.

 
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“NO ES RAZONABLE ESPERAR QUE EL SISTEMA FINANCIERO DESEMPEÑE, POR SÍ SOLO, UN PAPEL DETERMINANTE EN LA NECESARIA CANALIZACIÓN DE LOS FLUJOS FINANCIEROS HACIA ACTIVIDADES NO INTENSIVAS EN CARBONO MIENTRAS NO SE ABORDE CON RIGOR, Y DE UNA VEZ POR TODAS, EL PROBLEMA QUE REPRESENTAN LAS EXTERNALIDADES NEGATIVAS DE LA EMISIÓN DE GEI. PARA AFRONTARLO, LA SOLUCIÓN ES BIEN CONOCIDA: HAY QUE FIJAR UN PRECIO A CADA UNIDAD DE CO2 QUE SE EMITA (...) HOY ESTÁN VIGENTES EN 46 JURISDICCIONES NACIONALES 57 INICIATIVAS QUE FIJAN UN PRECIO AL CO2 PERO TODAS ELLAS SOLO CUBREN EL 20% DE LAS EMISIONES DE GEI Y LA MITAD TIENEN UN PRECIO INFERIOR A LOS $10 POR TONELADA CUANDO PARA QUE LA INTERVENCIÓN RESULTE EFICAZ SE CALCULA QUE DEBERÍA ESTAR ENTRE 40 Y 80 POR TONELADA EN 2020 Y ENTRE 50 Y 100 EN 2030”.

 
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“MIENTRAS QUE A PARTIR DE 1998 EL NÚMERO DE EMPRESAS PÚBLICAS ESTATALES SE HA REDUCIDO EN 116, EN EL CASO DE LAS CC. AA. SE HA INCREMENTADO EN 281, Y EN EL ÁMBITO MUNICIPAL SE OBSERVA UNA NOTABLE HIPERTROFIA CON LA CREACIÓN NETA DE 1.003 ENTES EN EL PERIODO. DESTACAN LOS CASOS DE ANDALUCÍA (1.036 ENTIDADES) Y CATALUÑA (1.107) SEGUIDAS A GRAN DISTANCIA POR PAÍS VASCO (476), VALENCIA (455) Y MADRID (269). SOLO EN EL SECTOR PÚBLICO ESTATAL LAS EMPRESAS CONTRATAN A 142.000 TRABAJADORES Y PRESENTAN UNA CIFRA DE NEGOCIO DE 27.600 MNS, CON 266.000 MNS DE ACTIVOS Y UN ENDEUDAMIENTO DE 63.000 MNS (UN 5,4% DEL PIB).

 
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“A PESAR DE LOS SÍNTOMAS Y AVISOS QUE TRANSMITEN TANTO LA SITUACIÓN FINANCIERA COMO LA ACTUARIAL DEL SISTEMA DE PENSIONES, EN EL SENTIDO DE QUE HAY FALLAS DE SOSTENIBILIDAD, LA GENEROSIDAD DE LAS PENSIONES ESPAÑOLAS, EN EL CORTO PLAZO, NO SÓLO NO SE HA AJUSTADO SINO QUE TIENDE A BLINDARSE. PORQUE LAS DOS DECISIONES TOMADAS EN CADENA EN 2018 Y 2019 –LA PRIMERA, REVALORIZAR LAS PENSIONES POR ENCIMA DEL UMBRAL DEL IRP (1,7% RESPECTO DE 0,25%); LA SEGUNDA, REGRESAR, SIQUIERA PROVISIONALMENTE, A LA SENDA DE LA REVALORIZACIÓN CON EL IPC– AVANZAN EN LA DIRECCIÓN DE LA SUFICIENCIA PERO EN CONTRA DE LA SOSTENIBILIDAD”.

 
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¿POR QUÉ LA CUARTA ECONOMÍA DEL EURO SOLO HA SIDO CAPAZ DE GENERAR, HASTA AHORA, UN ÚNICO “UNICORNIO”? (Y SEGÚN EXPLICÓ SU CREADOR, JUAN DE ANTONIO, DE CABIFY, EN ESTAS MISMAS PÁGINAS: “SI NO HUBIÉRAMOS SALIDO DE ESPAÑA HABRÍAMOS MUERTO”). EL EQUIPO DE ANÁLISIS DE ARCANO, QUE LIDERA IGNACIO DE LA TORRE, HA INTENTADO RESPONDER A ESTAS PREGUNTAS CON UN DETALLADO ANÁLISIS (DISPONIBLE EN LA WEB) QUE OFRECE UNAS SENCILLAS CONCLUSIONES (RECOGIDAS EN ESTAS PÁGINAS) SOBRE “CÓMO GENERAR ECOSISTEMAS DE EMPRENDIMIENTO E INNOVACIÓN EXITOSOS”.

 
 
 
 
 
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