Número 146 - Febrero de 2019
 
REPORTAJES
 

“La industria alemana no quiso intervenir porque Kuka les parecía muy cara. La compró Midea, un fabricante chino apoyado por Pekín”

 
     
ALEMANIA: ALTMAIER QUIERE MÁS GERMANY FIRST  
           
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  Foto: Archivo RC  
   
   

EL MINISTRO DE ECONOMÍA ABOGA POR UNA POLÍTICA INDUSTRIAL MÁS AGRESIVA -NO APLAUDIDA POR TODOS- PARA NO PERDER EL TREN DE LA GUERRA TECNOLÓGICA GLOBAL Y BLINDAR A CIERTAS EMPRESAS ALEMANAS DE LA INVERSIÓN CHINA.

   
   

TEXTO: LIDIA CONDE (FRÁNCFORT)

¿Se convertirá el Estado alemán en la niñera de su industria? Seguro que no, aunque el ministro de Economía, Peter Altmaier (de la CDU), quiera ahora proteger mejor a las empresas. Su idea es una política industrial más agresiva ante retos como la nueva guerra tecnológica entre EE UU y China en la economía global, el plan Made in China 2025 para convertirla en una superpotencia tecnológica, y el temor a que China usurpe conocimientos técnicos clave en el futuro y erosione la base industrial de la economía alemana. Alemania teme perder la prosperidad alcanzada en los últimos setenta años. Por eso, Altmaier no solo justifica su propuesta económicamente sino desde el punto de vista social. “¿Podremos consolidar y mejorar esa riqueza y ese bienestar en el futuro?” Para el ministro, la respuesta es decisiva para la cohesión del país y la legitimidad del sistema democrático. Por otro lado, ¿tiene sentido más “Germany first”? “El Estado es, con excepciones como Airbus, un mal inversor”, opina el investigador Gabriel Felbermayr, presidente del Instituto IfW a partir de marzo.

Suspicacia

A Alemania le preocupa el auge chino y el futuro económico del sector tecnológico e industrial alemán y europeo ante la nueva constelación de poderes globales y la lucha por la supremacía tecnológica global. Por eso quiere pasar de un papel de observador pasivo de lo que pasa en China y en EE UU a un papel más activo; proteger actores económicos clave como Thyssenkrupp, Siemens, Deutsche Bank y a los fabricantes de la industria del automóvil y empujar a las empresas medianas tecnológicas líderes en el mundo para ganar en tamaño. Se trata de que Europa pueda competir frente a los gigantes de EE UU y China en la cuarta revolución industrial.

Así que en febrero el ministro de Economía presentó su Estrategia Industrial Nacional 2030. Sí, Alemania es una potencia económica hoy – la cuarta tras EE UU, China y Japón-, pero desconoce su futuro. Tampoco es el país europeo más rico, se posiciona en séptimo lugar en renta per cápita, por detrás de Luxemburgo, Irlanda, Holanda, Austria, Dinamarca y Suecia. Berlín duda incluso de que pueda competir con su industria en el futuro global. El objetivo de Altmaier es que la industria germana incremente su peso en el PIB hasta alcanzar el 25% y la industria europea hasta el 20% para el año 2030. Pues Berlín teme no estar haciendo lo suficiente. El foco del ministro está puesto en la respuesta alemana y europea a las distorsiones del mercado generadas por actores estatales en la competencia tecnológica global.

Que Kuka, una de las joyas de la robótica alemana y de la digitalización industrial, fuera adquirida al final en 2016 por los chinos, fue una advertencia. El verano pasado el Estado alemán rescató a la empresa energética 50Hertz para evitar que un consorcio estatal chino se la comiera. Ahora el ministro Altmaier reconoce que le afectó mucho Kuka. El especialista de robótica de Augsburgo pasó a manos de Midea, un fabricante chino de cocinas, a pesar de que el Gobierno alemán hizo todo lo posible para evitar la operación. Altmaier: “La industria alemana no quiso intervenir porque Kuka les parecía muy cara”. Pekín cuenta con una política industrial activa. Frente a la llamada desindustrialización prematura (Dani Rodrik, Harvard), China cuenta desde 2015 con su hoja de ruta centrada en el desarrollo de áreas tecnológicas y sectores estratégicos clave para convertirse en un país de altos ingresos. La compra del fabricante alemán Kuka encaja en esa estrategia.

China pagó 4.600 millones de euros por Kuka, que se convirtió así en el símbolo del interés arrollador chino por entrar en Alemania. Midea prometió que Kuka seguiría siendo Kuka y se acordó en mantener aquí la producción y el trabajo. ¡Hasta 2023! También se acordó que las patentes se quedarían en Alemania, que los directivos conservarían su independencia y que Midea no accedería a los datos técnicos de los clientes. Sobre todo la industria del automóvil temía que fluyera información hacia terceros. Kuka recibe con meses de antelación los planes de construcción y los detalles de los nuevos modelos con el fin de que los robots puedan ser programados con exactitud. Siemens tenía interés en Kuka, pero el precio de 115 euros por acción le pareció muy elevado. Tampoco VW se lo pudo permitir en aquel momento.

Fondo tecnológico

Altmaier propone ahora crear un fondo estatal que pueda participar en las empresas tecnológicas alemanas para evitar su venta a inversores extranjeros. Las reacciones son diversas. Para el partido liberal FDP, se trata de “economía planificada”. Para el diario Die Welt, equivale a una política de rescate inadmisible. “El ministro quiere intervenir no solo cuando las operaciones invadan los intereses de la seguridad nacional o afecten a la infraestructura estatal sino ante el riesgo de venta de tecnología made in Germany”. Por otro lado, la patronal de la industria germana (BDI) aplaude el nuevo concepto gubernamental.

El argumento de Altmaier es el siguiente: “En China se han creado empresas globales que en los próximos años podrían alcanzar las dimensiones de monopolio tecnológico mundial, lo que impediría la competencia”. Por otro lado, le preocupa que Alemania pierda el tren. “Quien no domine esas tecnologías, se convertirá en la fábrica de otros”. El Estado debería intervenir en casos clave: “Cuanto mayores sean las pérdidas si no actúa el Estado, mayor margen de maniobra debería tener”. En caso de tecnologías o innovaciones clave, tendría que intervenir la economía privada. El Estado podría ayudar temporalmente.

 
 
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