Número 138 - Mayo de 2018
 
REPORTAJES
 

“La borrachera de papel está poniendo a prueba el hígado de los mercados: En el 1T EEUU emitió $488.000 mns. En el año serán 1,1-1,3 Tr”

 
     
ESTADOS UNIDOS: ¿SOBRA DEUDA?  
           
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  Foto: Archivo RC  
   
   

EL TESORO EMITIRÁ ESTE AÑO $600.000 MNS. MÁS QUE AL AÑO PASADO MIENTRAS LA FED SIGUE REDUCIENDO SU BALANCE (A FIN DE AÑO TENDRÁ $334.000 MNS. MENOS QUE EN JUNIO 2017) ASÍ QUE EL BONO10 AÑOS TOCA YA EL 3%.

   
   

TEXTO: PABLO PARDO (WASHINGTON)

Con la Casa Blanca teniendo como residente al autoproclamado “rey de la deuda” (así se calificaba a sí mismo Donald Trump en la campaña, hace apenas dos años, cuando llegó incluso a proponer que Estados Unidos suspendiera pagos solo para lograr una quita), esa afirmación se cae por su propio peso: no sobra deuda; nunca hay demasiada deuda.

Tan es así que en el primer trimestre del año Estados Unidos emitió 488.000 millones de dólares (409.000 millones de euros) en deuda. Eso es nada menos que el 94% de toda la deuda nueva que colocó en el mercado en todo 2012. Para todo 2018, el mercado prevé entre 1,1 y 1,3 billones de dólares (de 920.000 a 1,1 billones) de bonos nuevos. Es una borrachera de papel que está poniendo a prueba el hígado de los mercados. Tan es así que el bono a 10 años rompió el 25 de abril la barrera psicológica del 3%.

Fue un movimiento extremo. Al día siguiente, había perdido el soporte. Pero podria ser tomado como una especie de advertencia. La última vez que el bono a 10 años había superado el 3% fue en diciembre de 2013, cuando el mercado vivía en un estado de neurosis obsesivo-compulsiva por el inicio de la normalización de la política monetaria de Estados Unidos. Al final, la normalización tardó exactamente un año en llegar, porque la Reserva Federal no empezó a subir tipos hasta diciembre de 2015, y el repunte quedó en una mera anécdota. De hecho, con esa única excepción, a la que ahora se suma la del mes de abril, el bono a 10 años lleva consistentemente por debajo del 3% desde hace siete años.

Sin embargo, la situación del mercado ante esta subida es muy diferente de 2013, porque la situación macroeconómica también lo es. Hasta junio pasado, en la cartera de la Reserva Federal vencían cada mes 20.000 millones de bonos del Tesoro más otros 15.000 millones de deuda hipotecaria (sin contar intereses). El instituto emisor, a continuación, reinvertía íntegras esas cantidades (es decir, sin intereses) en los mismos instrumentos de deuda.

Replegando velas

Pero en julio, el instituto emisor pasó a reinvertir solo 14.000 millones de deuda pública y 11.000 de deuda hipotecaria. Eso significa que el mercado tenía así 6.000 millones más de la primera y 4.000 millones más de la segunda. Desde entonces, la proporción de bonos que la Reserva Federal no reinvierte ha ido creciendo. En abril, según las previsiones del banco central estadounidense, iban a ser 24.000 millones de deuda pública y 16.000 millones de deuda hipotecaria. Eso significa que el balance del banco central ya está reduciéndose. Si los planes de la Reserva Federal se cumplen, a finales de año tendrá en su balance alrededor de 334.000 millones de dólares menos que en junio de 2017. Eso significa que entre un 25% y un 33% de deuda pública que hubiera sido adquirido por la Fed si se hubiera mantenido la relajación cuantitativa va a tener que ser comprado por el mercado.

Evidentemente, esa es solo una parte de la ecuación. Porque si Estados Unidos hubiera mantenido su déficit dentro de los límites del año pasado, esa cifra sería menos importante. La gran diferencia es que, aparte de esos 334.000 millones que la Reserva Federal no va a comprar, hay que tener en cuenta los 600.000 millones más que Estados Unidos va a emitir en 2018, debido al brutal recorte de impuestos aprobado por los republicanos que controlan el Congreso, y sancionado por Donald Trump.

Por si eso no bastara, el Congreso y Trump han decidido no solo no llevar a cabo ningún recorte del gasto público – con la excepción, en un ejercicio de sadismo, del CHIP, que es un programa de salud infantil –, sino que van a expandir el gasto en 300.000 millones de dólares (252.000 millones de euros) en los próximos años años, incluyendo un aumento de la inversión en las Fuerzas Armadas en lo que sería equivalente a cuatro veces todo el Presupuesto de Defensa de España.

Y ahí es donde se entra en la gran paradoja de esta situación: la expansión fiscal es mucho mayor que la expansión monetaria. En el escenario más optimista, que es el de la Oficina Presupuestaria del Congreso, la bajada de impuestos añadirá 1,9 billones de dólares (casi 1,6 billones de euros) de deuda en la próxima década, lo que viene a suponer un 9% más. Pero esa previsión no tiene en cuenta el aumento del gasto que se ha pactado, y sí, por el contrario, algo que solo puede ser calificado como un ejercicio de voluntarismo: que los recortes fiscales temporales que están dentro de la reforma fiscal de diciembre no sean ampliados cuando caduquen, que es, casualmente, en 2023, en vísperas de las elecciones presidenciales y legislativas.

Suma de factores

Llega justo en una economía que lleva una de las expansiones más largas de su Historia –9 años– y que está en pleno empleo. A su vez, eso significa más inflación –o, al menos, expectativas de inflación más alta– lo que también debería llevar a los inversores a exigir más intereses por la deuda que compran.

Pero hay más factores. Desde 2014, la cartera de bonos en manos de Estados y organizaciones estatales extranjeros ha crecido muy poco, en buena medida porque Japón y China, que son los dos mayores tenedores de deuda estadounidense, no solo no han aumentado sus carteras de estos activos, sino que incluso los han recortado un poco (por el contrario, los países europeos han continuado adquiriendo deuda de Estados Unidos).

Además, está el final del impacto de la puesta en práctica de las reformas regulatorias. La Ley Dodd-Frank de junio de 2010 obligó a los bancos a aumentar sus reservas de capital de calidad, y eso significó más bonos del Tesoro. En octubre de 2016, la regulación de los fondos del mercado de dinero también cambió, y esas instituciones financieras (que habían estado a punto de quebrar en masa en 2008) se vieron obligadas a comprar deuda pública de forma masiva. Desde entonces, no ha habido cambio alguno de la regulación que haya promovido el aumento de las carteras de deuda pública por el sector privado.

 
 
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