Número 134 - Enero de 2018
 
REPORTAJES
 

“La Oficina Presupuestaria del Congreso dice que la reforma hará que la deuda pública vuelva al 100% del PIB en 2027”a

 
     
ESTADOS UNIDOS: LA REFORMA TRIBUTARIA  
           
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  Foto: Archivo RC  
   
   

LA LEY FISCAL DE TRUMP SIGUE AZUZANDO A LAS BOLSAS PERO SUSCITA MUCHAS DUDAS ENTRE LOS ENCARGADOS DEL PRESUPUESTO: CEBARÁ EL DÉFICIT Y NO ESTÁ CLARO QUE VAYA A TRADUCIRSE EN MÁS INVERSIÓN.

   
   

TEXTO: PABLO PARDO (WASHINGTON)

Ha pasado prácticamente un año desde que Donald Trump juró el cargo, y el cielo no ha caído sobre nuestras cabezas. Si se toma como referencia la renta variable, es todo lo contrario. No es solo que el Dow Jones haya subido un 20%, sino que, encima, ha batido el récord de velocidad de subida: 1.000 puntos en apenas un mes y medio, hasta culminar el mayor ciclo alcista de la Historia. Cierto: el ciclo comenzó con Barack Obama en 2008. Pero lo que nadie se esperaba era que mantuviera esta velocidad con Donald Trump. Entretanto, Estados Unidos sigue en pleno empleo y sin presiones inflacionarias.

Claro que esas cifras también esconden otras dinámicas que no dan tan buenos titulares por ahora, aunque eso podría cambiar. Dejando de lado la perpetua debilidad de los salarios, el déficit público del que tanto se quejaban Donald Trump y los republicanos cuando Obama estaba en la Casa Blanca no solo no se está reduciendo, sino todo lo contrario. El desequilibrio en las cuentas públicas, que había caído entre 2010 y 2015, volvió a subir. En esta ocasión, los números rojos fueron del 3,5% del PIB, tres décimas más que el año anterior. Para 2017, en teoría, debería caer al 2,2%. Pero esa es una previsión en la que pocos creen. Debido, en buena medida, a la política de Donald Trump y del Congreso republicano.

Puede salir cara

La razón de ese escepticismo es la reforma fiscal aprobada a toda velocidad por el Congreso en diciembre. La Oficina Presupuestaria del Congreso estima que esa reforma añadirá 1,5 billones de dólares (1,25 billones de euros) en déficit a lo largo de la próxima década y, como consecuencia, la deuda pública en 2027 será del 100% del PIB, nada menos que 9 puntos por encima de lo que preveía sin la reforma. La tesis republicana de que “la bajada de impuestos se paga a sí misma” no parece tener más lógica que la teoría de Leonardo da Vinci de que el hombre, con la sola fuerza de sus brazos, lograría volar, siempre que se atara las alas adecuadas.

El problema de la bajada de impuestos de EEUU no es solo que reduzca los ingresos sin eliminar el gasto. Es, también, que la caída de la presión fiscal está diseñada para beneficiar a los contribuyentes más ricos, a los inversores en bolsa (lo que explica el entusiasmo del Dow Jones), a los promotores inmobiliarios (una coincidencia, sin duda, dado que el presidente lo es, y también tiene intereses en ese sector el senador republicano por Tennessee Bob Corker, que votó en contra del primeros borradores de la ley), y a los estados más ricos y dinámicos, que, casualmente, están controlados por la oposición demócrata: Nueva York, California, Nueva Jersey, y Massachusetts. Algunos expertos no se han andado por las ramas. El ex miembro del consejo de política monetaria del Banco de Inglaterra y actual presidente del think tank Peterson Institute for International Economics cree que la reforma equivale a “dar un chute de glucosa a un diabético”.

Por un lado, la reducción de la fiscalidad de las empresas, y el recorte de los impuestos que estas reciben si repatrían los en torno a tres billones de dólares de ganancias obtenidas fuera de EEUU aparcados en paraísos fiscales, no tiene por qué destinarse a inversión, como arguyen los defensores de la bajada del Impuesto de Sociedades. Para ello, cuentan con cuatro argumentos.

Uno es histórico: una medida similar, en 2005, sirvió para que las empresas multiplicaran sus dividendos y autocartera, pero no para que invirtieran. Otro es estadístico: en la actual expansión, la inversión de las empresas en activos físicos ha crecido en promedio al 4,25%. O sea, justo al doble que el aumento del PIB. ¿Por qué ahora las compañías van a invertir más? De hecho, uno de los principales factores que han impulsados la bolsa durante el mercado alcista de Obama y Trump ha sido la autocartera, que ha permitido mantener bajos unos PER que, de otro modo, habrían alcanzado niveles de ‘burbuja’.

A eso se suma, además, el hecho de que la curva de tipos de EEUU está invertida, lo que tradicionalmente se ha considerado un anuncio de que se avecina una recesión. Lo cierto es que ahora mismo no hay ningún elemento que permita ver una crisis económica – más bien al contrario –, pero esa anomalía puede hacer que los agentes económicos aplacen sus planes de inversión hasta que vean qué pasa.

El tercer argumento es contable. La reforma liquida la opción de las empresas de desgravar los intereses de la deuda, lo que puede tener consecuencias para los bonos de alto rendimiento y para las compañías endeudadas, muchas de ellas en sectores como el del ‘fracking’, en el que Washington tiene depositadas grandes esperanzas. Los expertos no se ponen de acuerdo con el impacto de este cambio, porque otras medidas de gestión, como la compra de equipos, reciben un tratamiento muy bueno con la reforma. Pero es posible que los cambios en un sentido compensen a los que se produzcan en el otro.

Y, finalmente, está el argumento anecdótico: cuando el principal asesor económico de Trump, el ex ‘número dos’ de Goldman Sachs Gary Cohn – que, en un ejemplo más de la esquizofrenia política estadunidense, era y sigue siendo demócrata – pidió, en un foro de grandes empresas, que levantaran la mano aquellos consejeros delegados que planeaban expandir la capacidad productiva de sus empresas tras la bajada de impuestos, apenas hubo respuesta. “¿Por qué no hay más manos levantadas?”, preguntó Cohn, riéndose, en lo que pareció una muestra más de algo que sospechan muchos en Washington: que le da igual todo.

Con reservas

No parece que EEUU vaya a lograr un aumento de su crecimiento tendencial – o, al menos, un shock de oferta – con esta bajada de impuestos. Si ese fuera el caso, la subida de la bolsa debería ser tomada con cierta cautela, sobre todo en lo que se refiere a más allá de este año. Claro que, hasta la fecha, Donald Trump ha desafiado la ley de la gravedad política, de modo que ¿por qué no va a seguir subiendo Wall Street?

La ley, además, introduce una complejidad abismal en un código fiscal que era, antes de la reforma, incomprensible. Así lo dejó claro en 2016 Donald Rumsfeld, ex secretario de Defensa con Ford y George W. Bush: “Pese a que llevo realizando este deber como ciudadano desde hace más de medio siglo, al concluir la Declaración de la Renta de este año, me sigue dejando maravillado el hecho de que no sé si la información que he dado es correcta o no, y si mi saldo con Hacienda es el que debería ser”.

 
 
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