Número 133 - Diciembre de 2017
 
REPORTAJES
 

“Una gran contradicción: el 66% cree haber salido perdiendo con el procés, pero al mismo tiempo el 59% no aprueba el 155”

 
     
ESPAÑA: CATALUÑA, CONFUSA Y FRAGMENTADA  
           
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  Foto: Archivo RC  
   
   

TEXTO: JOAN TAPIA (BARCELONA). EL CATALUÑA ESTÁ CONFUSA, EMPATADA, FRAGMENTADA, Y QUIZÁS SEA INGOBERNABLE. TAN CRUCIAL COMO EL RESULTADO ELECTORAL SERÁ LA DISPOSICIÓN DE UNOS Y OTROS A FACILITAR UNA ALIANZA QUE PERMITA GOBERNAR.

   
   

Cuando faltan 10 días para el 21-D, lo único seguro es que casi todo está abierto. Puede volver a haber un presidente independentista. Puede ser elegido un constitucionalista. Y también puede resultar una gran y larga confusión… e incluso obligar a nuevas elecciones. Un gobierno con un presidente constitucionalista -el único resultado que haría recobrar la confianza en Cataluña y sería positivo para España- no se puede descartar pero será todo menos fácil. Lo intentaré explicar en base a tres premisas:

Cataluña está muy confusa sobre las razones y las culpas de la situación actual. Está también empatada en resultados entre el bloque independentista y las alternativas constitucionalistas. Finalmente, está muy fragmentada, una dificultad suplementaria pues hay siete partidos en liza. Los mismos que en Alemania, que está en mucho mejor situación y donde la entrada de una séptima fuerza -la populista Alternativa para Alemania- en el Bundestag ha sacudido la tradicional estabilidad germánica.

Confusión

Primera premisa, la contradicción. Cataluña está confusa sobre las causas que han llevado a la situación actual y colectivamente no sabe bien quién tiene la culpa y por dónde habría que ir. Y no tanto por un cálculo racional sino porque los sentimientos tienen mucha relevancia en el voto nacionalista.

Así, hay mayorías fuertes contradictorias. El 77% se siente en el propio país cuando viaja por España, 11 puntos más que hace un mes según la última encuesta solvente conocida, la de La Vanguardia del 10 de diciembre. El 66% cree que el procés ha sido negativo. El 70%, que ha afectado a la convivencia y el 61%, que ha perjudicado a la imagen internacional. Con estos números se podría prever una mayoría constitucionalista. Pero la misma encuesta -datos homogéneos- da resultados incluso contrarios. El 59% no aprueba la aplicación del artículo 155, el mismo porcentaje cree que no está justificada la acción judicial contra el anterior gobierno de la Generalitat y que haya todavía consellers en prisión, a los que el 53% considera presos políticos.

Y las contradicciones no acaban aquí. El 68% cree que la economía catalana se ha resentido de la declaración de independencia y el 62% que el cambio de sede social de casi 3.000 empresas afectará negativamente a corto o a medio plazo. Pero seguidamente -y por increíble que parezca- el 72% afirma que ello no influirá sobre su voto. Como el voto a los partidos independentistas oscila en todas las encuestas entre el 44 y el 46%, ello quiere decir que una parte nada despreciable de electores separatistas va a mantener su voto pese a saber que será económicamente perjudicial. Es, pues, evidente que estamos ante una actitud emocional en la que el sentimiento catalanista y la censura al gobierno de Madrid -y al PP- desempeñan un gran papel.

Quizás esto se ve más en la respuesta sobre la responsabilidad de la falta de diálogo. Un 41% cree que es culpa de Madrid, frente a solo el 15% que atribuye la responsabilidad a la Generalitat y un 30% que atribuye la culpa a los dos gobiernos. Lo que está claro es que -por las razones que sea- como mínimo la política de comunicación con Cataluña del gobierno Rajoy no ha funcionado.

Segunda, la división. Todas las encuestas lo dicen desde hace años: Cataluña está partida en dos mitades prácticamente iguales respecto a la independencia. En unas encuestas ganan los separatistas con algo más del 45% y en otras los constitucionalista con un porcentaje similar. Y ello se traduce en los resultados electorales previstos. El bloque independentista tendrá entre un 44% y un 46% de los votos (en ligero descenso respecto al 47,8% del 2015), y los partidos, constitucionalistas un porcentaje en ascenso respecto al 2015 pero similar. La candidatura de los comunes, auspiciada por Ada Colau y Pablo Iglesias, obtendrá un 7% o un 9%.

Pero como los secesionistas ganan en las provincias de Girona y Lleida donde, gracias a la ley electoral española, un diputado electo necesita menos votos que en la de Barcelona, las encuestas dan a los independentistas entre 66 y 69 diputados, cuando la mayoría absoluta es de 68 escaños y en el 2015 obtuvieron 72. O sea que los independentistas, aunque bajan, podrían repetir -aunque también perder- la mayoría absoluta. El problema es que, debido al 7 o 9% de los comunes, los constitucionalistas no podrán obtener -salvo un vuelco espectacular- más de 61 o 62 escaños. La conclusión es que los independentistas pueden tener mayoría o perderla, pero que los constitucionalistas no la pueden obtener por ellos mismos. Necesitarían un pacto con Podemos que les daría los 68 o 69 diputados.

Tercera premisa, la formación de una mayoría de gobierno será siempre complicada y no se puede descartar la repetición de elecciones.

Escenarios que se abren

Así solo hay cuatro grandes hipótesis para lo que pase tras el 21-D. La primera es que los independentistas renueven, aunque sea por la mínima, su actual mayoría. En tal caso la lógica implica que habrá un presidente independentista. Pero no sin problemas. El pacto entre ellos será difícil y las relaciones se van agriando -no solo con las CUP, sino entre Junts per Catalunya, la candidatura de Puigdemont que sube porque refleja mejor el voto sentimental, y ERC que, con Junqueras condenado al silencio en la prisión de Estremera, baja.

Pero superados estos obstáculos quedan dificultades. Puigdemont y varios diputados electos están en el exilio o en la cárcel. ¿Podrán tomar posesión o, en caso contrario, renunciarán para que corra la lista? Y los problemas no serán solo de los independentistas. ¿Puede el gobierno español impedir la investidura de Puigdemont y meterlo en la cárcel si gana las elecciones y se presenta en Barcelona? Poder, puede, pero…

La segunda posibilidad es la de un presidente constitucionalista. Aquí hay variantes porque unas encuestas (por ejemplo, la de El Periódico) dan un empate entre C’s y el PSC, y a Iceta como presidente preferido detrás de Puigdemont, y otras (la del CIS y la de La Vanguardia) dan clara ventaja a C’s y a Arrimadas. Un presidente constitucionalista necesitaría recoger los votos del PP, de C’s, del PSC y -la gran dificultad- de los comunes. Y aquí esta el auténtico cuello de botella. Es posible, aunque desde luego nada fácil, que Iceta -que junto a Puigdemont y Arrimadas está siendo la revelación de la campaña- lograra al final los apoyos del PP (Rajoy no querrá unas nuevas elecciones que demostrarían que el 155 ha fracasado), de C’s (más difícil si Arrimadas llega primero) y algún pacto con los comunes.

 
 
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