Número 132 - Enero de 2017
 
REPORTAJES
 

La conversión del MEDE en un Fondo Monetario Europeo ha echado a andar. Falta ver hasta qué punto se compartirán riesgos y se cederá soberanía”

 
     
BRUSELAS: APUNTALAR LA INTEGRACIÓN  
           
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  Foto: Archivo RC  
   
   

EN OCHO MESES LA UE TIENE QUE COMPLETAR SU UNIÓN BANCARIA CON UNA GARATÍA DE DEPÓSITOS Y UN FONDO COMÚN PARA RESOLVER ENTIDADES, PASAR DEL MEDE A UN FONDO MONETARIO EUROPEO... AHORA SOLO FALTA UN CONSENSO.

   
   

TEXTO: ALEXANDRE MATO (BRUSELAS)

Rescate de Grecia en 2010, caída posterior de Irlanda, rescate de Portugal en 2011 y, finalmente, del sistema financiero español. En apenas dos años la eurozona se asomó al borde del precipicio en la conocida como su crisis de deuda. El andamiaje monetario e institucional creado por el Tratado de Maastricht en 1992 se tambaleó como un castillo de naipes y solo resistió gracias a las palabras pronunciadas por un italiano.

El famoso “créanme, será suficiente” del presidente del BCE, Mario Draghi, desde Londres y su “preparados para hacer todo lo necesario” (‘whatever it takes’), espantó a los inversores que apostaban contra la moneda única y las deudas soberanas europeas. Palabras más convincentes que la artillería financiera que se diseñó a marchas forzadas para inyectar dinero a países que se hundían. Primero fue el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) en 2010, luego el Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera (MEEF) y finalmente el actual Mecanismo Europeo de Estabilidad, el MEDE. Todo en un plazo de dos años.

Este remiendo a las costuras de la eurozona que saltaron por los aires con la crisis, sin embargo, duró poco, deshilachado con el rescate de Chipre y el primer corralito financiero europeo contemporáneo justo cuando Jeroen Dijssebloem entraba a la presidencia del Eurogrupo. Pasados los meses, la UE inició una recuperación económica todavía vigente y en la Comisión, su máximo jefe, Durao Barroso, presumió, ya de retirada: “demostramos a los agoreros que vaticinaban la salida de Grecia y la implosión del euro que estaban equivocados”. El euro había sobrevivido aunque lo peor estuviese por llegar.

En el verano de 2015 Atenas se acercó más que nunca al abismo cuando el gobierno de Syriza, recién llegado al poder, se negó a cerrar el segundo rescate. Los interminables meses de negociaciones rompieron tanto la baraja que fue necesario un tercero. Por el medio, el corralito bancario heleno, un referéndum donde la población mostró su rechazo a Europa y a su intervención financiera, unas elecciones de nuevo ganadas por el primer ministro Alexis Tsipras y la ruptura de la promesa salida de la consulta popular. Para la posteridad quedarán capítulos tan nebulosos como el documento circulado dentro del Eurogrupo por el ministro de finanzas, Wolfgang Schauble, para sacar a Grecia del euro. La eurozona ¿habría sobrevivido así?. Puede ser, pero si un país la hubiera abandonado siendo un paria el gran proyecto político que encarna habría fracasado.

Soldar grietas

“El marco de la gobernanza económica de Maastricht estaba plagado de defectos institucionales que, durante los primeros años de la unión monetaria, fueron ocultados por booms insostenibles en la periferia de la unión”, concluye Grégory Claeys desde Bruegel, el principal think-tank económico de Bruselas. Hay un consenso generalizado de que la Gran Recesión “reveló”, como dice Claeys, “los defectos de la arquitectura original del euro”. Ahora “el momento es el adecuado” escribe André Sapir, el economista que asesoró a Prodi cuando era Presidente de la Comisión, “para un Fondo Monetario Europeo”. Una nueva pieza de la arquitectura comunitaria que solidifique la integración política y económica de la Unión Monetaria, el instrumento que falta para lidiar de manera ordenada con crisis de insolvencia. Este momento tiene fecha, ha echado a rodar y algunos líderes europeos parecen estar tarareando ‘Beds are burning’. A finales de los 80, el grupo australiano Midnight Oil popularizó esa canción con su pegadizo estribillo: “ha llegado la hora de decir lo justo es lo justo”.

En los próximos ocho meses, según el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, la Unión Bancaria debe estar completada con la Garantía de Depósitos Común y con un ‘common backstop’ o fondo común europeo para resolver entidades. Además, el MEDE debe mutar en un Fondo Monetario Europeo (FME) y hay que concretar las propuestas para mejorar la eurozona, desde un Superministro de Finanzas hasta una capacidad financiera incluida dentro del presupuesto de la UE que atienda los shocks económicos de cualquier país de la moneda única.

La conversión del MEDE en ese FME es la primera fase y los ministros del Eurogrupo han dedicado ya dos reuniones a esta cuestión porque en diciembre debería haber un acuerdo. De nuevo, el single australiano sirve de banda sonora para la discusión política. “Es el momento de pagar la renta, de pagar nuestra parte” decía la canción y ese es el quid de la cuestión. ¿Hay verdadera voluntad para crear estructuras y mecanismos con los que compartir riesgos? Reponder afirmativamente implica ceder soberanía y una transferencia de fondos desde las capitales hacia Bruselas. Y decidir las funciones de ese FME que pasaría a ser institución de la UE. No vaya a ser que las camas europeas vuelvan a quemarse.

Nuevo ‘fiscal agent’

Un Fondo Monetario Europeo actuaría ante una crisis bancaria cuando el BCE no pudiese atajar un problema de liquidez temporal en una entidad, con el objetivo de evitar su conversión en un problema de insolvencia, su contagio al resto del sistema bancario y, en último caso, su metástasis en un problema soberano. Los ministros de la eurozona discuten su encaje en la Unión Bancaria como nuevo ‘fiscal agent’.

Las discrepancias se aprecian en las posiciones enfrentadas del eje París-Berlín. Hasta el momento la canciller Merkel ha mostrado su preferencia porque se utilizase para reforzar las reglas fiscales de los países, es decir, que la inyección de fondos del FME conlleve una condicionalidad macro al intervenido, un modelo similar al aplicado a España tras el rescate de su sistema bancario. Por el contrario, el presidente Emmanuel Macron parece favorable a usar este FME como estabilizador macro para la eurozona. Que sus fondos actuasen no solo en crisis bancarias sino también como capacidad financiera con la que ayudar a países en problemas económicos coyunturales. Visiones contrapuestas para una institución que reduciría a su mínima expresión el rol del FMI. “Cuando veamos la posible gestión de una crisis, el rol del FMI podrá ser más pequeño o desaparecerá”, aseguró Klaus Regling, director gerente del actual MEDE, en el último Eurogrupo.

 
 
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