Número 131 - Octubre de 2017
 
REPORTAJES
 

“Una de las últimas polémicas saltó en Francia, tras conocerse que Airbnb paga allí menos de 100.000 euros en impuestos”

 
     
UNIÓN EUROPEA: OFENSIVA FISCAL CONTRA LAS DIGITALES  
           
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  Foto: Archivo RC  
   
   

LOS SISTEMAS FISCALES EUROPEOS HACEN AGUAS FRENTE A LAS GRANDES FIRMAS DIGITALES DE MODO QUE LOS MINISTROS DE HACIENDA NO DESCARTAN UN CAMBIO DE PARADIGMA E IMPONER GRAVÁMENES SEGÚN LA FACTURACIÓN.

 

   
   

TEXTO: ALEXANDRE MATO (BRUSELAS)

Europa está en guerra con las grandes tecnológicas y firmas digitales. Los impuestos que pagan no se corresponden con su volumen de facturación y beneficios y en Bruselas persiguen desde hace tres años su ingeniería financiera aplicándoles las reglas de competencia. La Comisaria Vestager analiza si los pactos fiscales, tax ruling, de estas multinacionales con haciendas como la irlandesa o la luxemburguesa son legales o, por contra, un privilegio exclusivo.

El acuerdo de Apple con Dublín entre 2003 y 2014 facilitó la evasión de 13.000 millones de euros. Y recientemente la Comisión también ha acusado a Amazon de evadir, con el beneplácito de Luxemburgo, cerca de 250 millones esos mismos años. Pero esta persecución es solo un remedio. “No creo que hayamos terminado, no creo que ya hayamos cambiado completamente toda la cultura corporativa”, reconoce Vestager, comisaria de Competencia, “el control de las ayudas de Estado es solo parte de la solución”.

Las grandes capitales de la eurozona lo saben. Berlín, París, Roma y Madrid han lanzado una ofensiva coordinada porque las multinacionales digitales tributan un 10% en Europa por el impuesto de sociedades, mucho menos que el resto de las empresas del continente, con una carga fiscal del 23% de media, según los cálculos de la Comisión. “No vamos a aceptar más que estas compañías hagan negocios en Europa mientras pagan mínimos impuestos a nuestras haciendas”, reprochó una carta conjunta de sus Ministros de Economía.

La vuelta de tuerca

El auge de la economía colaborativa agrava aún más este problema. Una de las últimas polémicas saltó en Francia tras las informaciones de que Airbnb paga allí menos de 100.000 euros en impuestos. Europa sufre un cuello de botella fiscal, sus sistemas de recaudación están completamente desfasados para la economía del siglo XXI. En los últimos 10 años, la porción del mercado de estas compañías ha crecido más de siete veces, mientras que la fiscalidad corporativa no se ha adaptado. Por ejemplo, las normas del IVA llevan sin tocarse 25 años.

Sin embargo, las multinacionales digitales y tecnológicas sí se han adaptado a la realidad actual, como mostraron hace tres años los LuxLeaks, el escándalo financiero que un consorcio internacional de periodistas destapó, revelando las operaciones secretas, la ingeniería legal y financiera y las redes de filiales de 343 grandes empresas transnacionales para evitar el pago de impuestos. El último capítulo del sumidero tributario del sector de la nueva economía se ha vivido recientemente en Bruselas después de que Vestager decidiese denunciar a Dublín ante el Tribunal Europeo de Justicia porque lleva un año sin recuperar esos 13.000 millones de Apple.

No existen cálculos y análisis precisos sobre el dinero que pierden las haciendas nacionales pero Irlanda, Luxemburgo u Holanda atraen decenas de empresas con jugosas tributaciones. Dublín tiene uno de los impuestos de sociedades más bajos de la UE con un tipo del 12,5%. La enorme montaña de dinero evadida por la marca de la manzana a través del tigre celta muestra la magnitud del problema.

Tres enfoques

Ahora mismo en la UE hay varias propuestas para solucionar este problema. Francia, Alemania, Italia y España, por electoralismo y para conseguir nuevos recursos a sus presupuestos, piden ya medidas concretas, aunque sean a corto plazo. Su solución pasa por “establecer un ‘impuesto de ecualización’ a la facturación generada en Europa por estas compañías digitales. Las cantidades recaudadas tratarían de reflejar parte de lo que estas compañías deberían pagar en términos del impuesto de sociedades”. Básicamente, supone aplicar una tasa a los ingresos generados por la actividad de esas empresas en cada país, un cambio de paradigma de la tributación actual basada en el beneficio.

Dublín y Luxemburgo amenazan con vetar cualquier idea semejante y Reino Unido, Suecia o Chipre son escépticos. Fuentes del Ministerio de Economía español responden que “dada la magnitud del problema [la pérdida de ingresos fiscales] y la repercusión en la ciudadanía, hay que estudiar esta medida a corto plazo”. Los cuatro gigantes del euro ganaron para su causa como mínimo a seis estados, incluidos Portugal o Polonia. “Algunos países reacios a estas ideas son grandes actores en el sector, por lo que damos la bienvenida a la propuesta de esos cuatro países pero es solo una pequeña pieza del puzle”, aclaran desde el gobierno estonio cuando les preguntamos.

Estonia preside y dirige

Estonia ocupa ahora la presidencia rotatoria del Consejo Europeo bajo la bandera de la digitalización, un país orgulloso de que sus ciudadanos puedan realizar todos los trámites administrativos vía online excepto comprar una casa y casarse. Junto a la Comisión, su gobierno trabaja en enfoques a largo plazo para la tributación digital. “No vamos contra ninguna compañía pequeña o grande, claramente hay vacíos legales que permiten la evasión fiscal y no es aceptable”, explican estas fuentes.

Bruselas quiere sacar cuanto antes su Common Consolidated Corporate Tax Base, CCCTB, la simplificación de las reglas impositivas para que las compañías transfronterizas actúen como una, contabilizando sus ingresos sujetos a tributación una única vez y no en diferentes jurisdicciones. Las pérdidas en un país se compensarían con los beneficios en otro y las haciendas nacionales de cada jurisdicción con presencia de ese grupo intercambiarían su información para corroborar la exactitud de los datos. Cada Estado de la UE gravaría la porción de beneficios correspondiente según su tipo impositivo.

Tanto Pierre Moscovici desde el Departamento de Asuntos Económicos como Margrethe Vestager en Competencia persiguen una idea clara: las tecnológicas y digitales tienen que pagar una parte justa de impuestos allí donde generen valor y beneficio, algo que “hoy no es posible”, según el comisario francés, alarmado porque “vemos que un montón de estas compañías escapan a la tributación o tienen una baja”.

 
 
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