Número 127 - Mayo de 2017
 
REPORTAJES
 

“Francia se busca y no se encuentra, no acaba de poner el dedo en la llaga de su malestar, una crisis de identidad que alimenta infinidad de debates”

 
     
FRANCIA: MACRON DEBE REVALIDAR SU VICTORIA  
           
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  Foto: Archivo RC  
   
   

EL NUEVO JEFE DEL ESTADO FRANCÉS TIENE ALGO MÁS DE UN MES –HASTA LAS LEGISLATIVAS DEL 11 Y 18 DE JUNIO- PARA CONSOLIDAR SU TRIUNFO EN EL PARLAMENTO A LA CABEZA DE UN PARTIDO, EN MARCHE!, QUE NO EXISTÍA HACE TAN SOLO UNOS MESES

   
   

TEXTO: ISABEL PIQUER (PARÍS)

Emmanuel Macron, un tecnócrata de 39 años con una tenue afiliación socialista por el que nadie apostaba un duro cuando se presentó a las elecciones en otoño de 2016, es desde el pasado 7 de mayo el presidente más joven de la Quinta República francesa. Su victoria frente a Marine Le Pen estaba cantada (con 66,06% de votos frente a 33,93%) pero a Macron le espera ahora una ardua tarea: convencer a los franceses, incluso a los que han votado por él, de que su candidatura no ha sido un accidente.

Con un postulado de centro, progresista en lo social, liberal en lo económico y pro europeo, supo captar el voto útil que, sin estar muy convencido ni por su persona –estridente en los mítines y poco empático- ni por un programa cajón de sastre, vio en el ex ministro de economía de François Hollande un mal menor.

Pero la tasa de abstención (25,3%) también ha dejado claro que Macron no ha sabido entusiasmar y su presidencia va a decidirse realmente en las elecciones legislativas de los próximos 11 y 18 de junio. El nuevo jefe del estado francés tiene algo mas de un mes para consolidar su victoria en el Parlamento a la cabeza de un partido –En Marche!- que no existía hace tan solo unos meses.

“Defenderé Francia, sus intereses vitales, su imagen”, dijo Macron en un discurso solemne pronunciado en El Louvre. “Defenderé Europa: es nuestra civilización lo que está en juego, nuestra manera de ser libres. Me esforzaré para rehacer los vínculos entre Europa y sus ciudadanos”. Antes de ser elegido, Macron ya había obtenido el aval de la canciller alemana Angela Merkel, que necesita al líder galo para navegar por las aguas procelosas del Brexit, y más sorprendentemente, por lo inesperado, el del ex presidente estadounidense Barack Obama.

Esta ha sido una campaña atípica que marcará un antes y un después en la vida política francesa. Por primera vez desde el inicio de la Quinta República, en 1958, los dos movimientos que se han alternado en el poder, bajo diversas encarnaciones, han quedado fuera de la contienda. Por primera vez el Frente Nacional ha superado la barrera del 20% en unas presidenciales y por primera vez los socialistas se han hundido de manera tan estrepitosa.

Sin los partidos tradicionales

En la primera vuelta quedaron fuera los candidatos de los partidos tradicionales: el conservador Francois Fillon, jefe de Los Republicanos, favorito inicial de la contienda que vio su candidatura hundirse tras las revelaciones de los empleos ficticios de su esposa e hijos a costa del erario público; Jean-Luc Mélenchon, otro veterano líder de una izquierda radical y portavoz de una “Francia Insumisa” que despuntó en los sondeos en las últimas semanas; y sobre todo el socialista Benoît Hamon, un candidato voluntarioso salido de unas primarias complicadas, última víctima de la profunda inadecuación de su partido ante los retos del siglo XXI.

Al final los franceses prefirieron a un novato, Emmanuel Macron, 39 años, ex banquero, ex socialista, cuya única experiencia en el gobierno se resume en haber sido ministro de Economía durante dos años (2014-2016) antes de crear su propio partido En Marche! (En Marcha!) para canalizar sus ambiciones presidenciales.

Favorito de los mercados, empollón profesional –ha estudiado en las “grandes escuelas” de la élite gala- especializado en finanzas... Macron tiene una trayectoria personal peculiar, puesto que sigue casado con la que fuera su profesora de teatro, Brigitte Trogneux, 24 años mayor que él, la única esposa de candidato que ha participado activamente en la campaña.

No lo tenía muy difícil frente a Marine Le Pen, 48 años, diputada europea, líder de un partido que ha conseguido, gracias a la hábil manipulación del malestar galo, banalizar un discurso xenófobo. Pero pese a su derrota, el Frente Nacional se consolida ahora como una fuerza más en el panorama político galo, algo impensable hace tan sólo unos años. De hecho Le Pen ha prometido una “transformación profunda” del FN para crear “una nueva fuerza política” basada en una “estrategia de alianzas”.

Los franceses, como los españoles, están hartos de los partidos de siempre y ya no se reconocen en sus líderes. El presidente François Hollande estuvo tan ausente del debate electoral que ninguno de los candidatos se molestó en posicionarse a favor o en contra del balance de su gobierno.

La campaña vivió muchos sobresaltos, sobre todo los marcados por el escándalo Fillon, donde los únicos temas fueron el profundo malestar y la gran incertidumbre con los que Francia se enfrenta al futuro. Durante la campaña, los candidatos, sin convencer realmente a nadie, ofrecieron sus soluciones al declive de la ‘grandeur’, al papel de Francia en Europa, al trauma de los atentados terroristas, al fracaso de la integración de los hijos de la inmigración, o a la impotencia ante un paro que sube (9,7%) y crea cada vez más trabajo temporal.

Francia es un país que se busca y no se encuentra. Un país en permanente autoanálisis que no acaba de poner el dedo en la llaga de su malestar, una crisis de identidad que alimenta infinidad de debates y pilas de libros. La ‘morosité’, a la que tanto se refieren los franceses, define una pesadumbre existencial, una tristeza resignada con una pizca de cabreo, una melancolía por lo que pudo ser y nunca fue del todo.

Pero eso es la percepción porque lo cierto es que las cosas no van del todo mal. En Francia se vive bien, y en algunos sitios espectacularmente bien. “Pesimismo nacional, esperanza local, una paradoja francesa”, titulaba el diario Le Monde un día antes de la primera vuelta.

Como el resto de la Unión Europea, la crisis ha dejado paso a un despunte económico discreto y todavía frágil: según el Banco de Francia, el PIB debería crecer un 1,7% este año. Macron podría empezar su presidencia sin demasiadas ansiedades.

 
 
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