Número 126 - Abril de 2017
 
REPORTAJES
 

“España ha tenido que volver a hacer parte del camino desandado con Rusia, pero ha logrado hacerse con varios nichos de mercado”

 
     
LOS ‘CONQUISTADORES’ ESPAÑOLES EN RUSIA  
           
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  Foto: Archivo RC  
   
   

LAS EMPRESAS QUE MÁS ESTÁN BENEFICIÁNDOSE DE ESTE MERCADO DE 140 MILLONES DE PERSONAS SON LAS QUE HAN OPTADO POR IMPLANTARSE, LA MEJOR MANERA DE MINIMIZAR EL IMPACTO DE LOS ARANCELES Y LAS CONTRASANCIONES

   
   

TEXTO: XAVIER COLÁS (MOSCÚ)

Cuando en 2014 Rusia se disponía a anexionarse Crimea, el ministro de Exteriores, Serguei Lavrov, visitó a su homólogo español de entonces, José Manuel Garcia Margallo, que no solo le explicó que no podía apoyarle sino que le recordó que Rusia y España se habían posicionado juntas contra la independencia de Kosovo en la década pasada. “Las vueltas que da la vida”, es una frase más que repetida hoy entre los que llevan años tratando de embridar –sobre todo en lo económico– dos países tan lejanos en la geografía y en las alianzas, pero que al mismo tiempo coinciden en cuestiones como la desconfianza hacia el separatismo, un antiamericanismo heredado y muchas veces anacrónico y la búsqueda de un modelo productivo que proyecte al país hasta la misma altura de su tamaño cultural.

La Federación de Rusia y el Reino de España ocupan dos extremos del continente europeo, pero los 4.000 kilómetros de separación no han impedido una atracción mutua. Los empresarios españoles han ido a Rusia sobre todo al sufrir la crisis y necesitar otros mercados. A los rusos les han seducido el turismo de sol y las posibilidades de inversión segura, pero también algunas marcas, la tecnología y la experiencia que atesoran las empresas españolas.

“Construcción y diseño de infraestructuras, como aeropuertos o ferrocarril, son puntos fuertes de la inversión”, explica Francisco Almansa, responsable del despacho Almansa&Asociados, que asesora a empresas españolas que invierten en Rusia.

La anexión de Crimea y las consiguientes sanciones impuestas por la UE han vuelto a distanciar a dos países que no quisieron nunca perderse de vista. Antes de la guerra en Ucrania ambas naciones tenían puesta la vista en una participación española en los programas rusos de modernización de su economía, especialmente en el ámbito energético con la explotación de nuevos yacimientos y la modernización de las redes de distribución de hidrocarburos. Pero las sanciones han impuesto la restricción del acceso de Rusia a determinadas tecnologías y servicios ‘sensibles’ que han de utilizarse para la producción y la exploración petrolíferas.

Las exportaciones se han resentido. “Uno de los principales frenos es una prohibición de exportar los llamados productos de doble uso, aquellos que aunque sean para la industria valen para uso militar”, explica un empresario vasco con 10 años de viajes a Rusia a sus espaldas. Queda pendiente la actualización de las infraestructuras, donde pueden desempeñar un papel importante empresas españolas como Talgo, que ya ha aportado su tecnología para el tren directo Moscú-Berlín, inaugurado a finales del año pasado.

Las contrasanciones puestas en marcha por Rusia tras recibir los primeros castigos occidentales cerraron el paso a hortalizas y verduras. Pero en otros campos España es referencia en Rusia, como en moda y sector del automóvil, especialmente en el ámbito de las piezas y los accesorios. También ha conquistado mercados como la industria del azulejo y los sanitarios. Y llegando a sectores más concretos, como el de la máquina-herramienta, ha cubierto un hueco importante.

Carrera de fondo

Con Rusia, España ha tenido que hacer de nuevo parte del camino que había desandado. Las relaciones entre ambos países vienen de muy atrás. Los contactos diplomáticos datan del siglo XVI, con etapas tan notables como la alianza contra Napoleón en el siglo XIX. Pero a partir del año 1939 quedaron interrumpidas, y así siguieron hasta la desaparición del franquismo. Desde entonces pesan esos ‘años perdidos’.

La llamada ‘marca España’ ha tenido que hacerse valer para lograr un hueco. “En vino mantenemos una buena posición en volumen: algún año hemos alcanzado el primer puesto, aunque el líder en valor suele ser Francia”, explica José M. Rodríguez Clemente, director de la consultora Rusbáltika, que resalta el éxito de la ropa. “En 2016, por primera vez desde que tengo constancia, el sector textil se ha hecho con la primacía de las exportaciones en valor desde España a Rusia”, recuerda. Antes solían ser productos de aplicación industrial. Supone un 15% de las exportaciones, unos 250 millones de euros. Lo cierto es que a la moda española, con Inditex a la cabeza, las sanciones parece que no le afectan.

El sector cerámico, en especial el azulejo, cuenta con una cuota de mercado próxima al 25% . Se pelea sobre todo con el productor chino y el italiano, pero goza de una posición privilegiada desde hace años. La asociación azulejera Ascer organiza periódicamente eventos de promoción. Veteranos como Roca o Coemac (antigua Uralita), de materiales de construcción, producen en Rusia desde diversas fábricas.

Asociación estratégica

En 2009, con motivo de la visita oficial del entonces presidente ruso, Dimitri Medvedev, a España, se suscribió la llamada ‘Declaración de Asociación Estratégica’, que contemplaba la cooperación bilateral en política, economía y comercio, defensa, ciencia y tecnología, educación y cultura. España se convertía así en el cuarto Estado europeo, tras Alemania, Francia e Italia, en firmar un acuerdo de este nivel con Rusia. Para algunas empresas ese año, con la crisis ya mordiendo el consumo, fue el inicio de la ‘conquista de Rusia’.

“Las empresas que más se benefician son aquellas que han optado por la implantación, que es la mejor forma de minimizar el impacto de los aranceles”, explica el directivo de Rusbáltika. Pese al desembarco en el país, en ocasiones la materia prima hay que seguir importándola, “pero ya hablamos de otro nivel de trabajo”. Lo mismo al sortear las fluctuaciones cambiarias.

 
 
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