Número 137 - Abril de 2018
 
REPORTAJES
 
“Alemania se propone compartir con Francia la base de cálculo y la tarifa mínima del impuesto de sociedades”    
     
ALEMANIA REESTRENA COALICIÓN  
       
 
     
     
     

ENTRE ESTE CONTRATO DE COALICIÓN Y EL FIRMADO POR LOS MISMOS PARTIDOS EN 2013 HAY CAMBIOS SUSTANCIALES: POR PRIMERA VEZ UN PRESIDENTE FRANCÉS LES EMPLAZA A AVANZAR DE LA MANO...

   
     
    Foto: Archivo RC  

TEXTO: LUIS MARTÍ

Aunque no se trate de una imposición constitucional, ni se haya hecho siempre, ya es costumbre que los partidos alemanes coaligados acuerden un documento de objetivos y de actuaciones. No se trata de una nota de generalidades para los medios: el último acuerdo tiene 179 páginas de espeso texto. Se denomina contrato para enfatizar sin duda la seriedad de los respectivos compromisos, aunque por supuesto incumplimientos y rupturas no tienen otra sanción que la política.

Tiene interés comparar el contrato en vigor, febrero de 2018, con el anterior de diciembre de 2013, y averiguar qué cambios se registran -si los hay- en el enfoque del proyecto Europa. Los partidos coaligados son los mismos y son europeístas, pero entre una y otra coalición han ocurrido acontecimientos que alteran el campo de visión y de acción de cualquier gobierno. Ya nadie discute que la gestión del aluvión migratorio respondió a un golpe de improvisación; sobrevuela, persistente, la incógnita de las consecuencias económicas y políticas del Brexit; por primera vez en años un presidente francés, activista pro-europeo, compromete al país hegemónico a compartir propuestas de avance del proyecto común. Y en su país, los dos partidos coaligados se enfrentan a una población claramente descontenta, que les ha deparado los peores resultados electorales en muchos años e introducido el populismo en el Bundestag, como tercer partido más numeroso y -dada la composición del nuevo gobierno- como primer partido de la oposición.

Recuerdos del contrato de 2013

No es posible dudar de la autoría de aquel capítulo titulado “Finanzas sólidas”. Reflejaba conocidas convicciones del ministro Schäuble, con ocasionales referencias a la UE para recordar -a los aliados socialdemócratas, más proclives al gasto público- las limitaciones en el déficit o sobre la deuda a que debía someterse su ministerio. Un apartado específico, recuerdo de un nonpaper que en su día hizo circular Schäuble, describía con gran detalle su visión de la unión bancaria -hoy todavía sin cerrar. Las dotes negociadoras de los ministros del eurogrupo no han podido superar la negativa alemana a mutualizar un fondo de garantía de depósitos.

“Europa fuerte” fue un capítulo notable en términos políticos. El impulso a la unidad europea es “principal misión de Alemania”, sostenido por su legitimación democrática, el apoyo de la sociedad civil, la responsabilidad de cada país miembro sobre su política económica, y el respeto de las instituciones europeas al principio de subsidiariedad. Expresando la preocupación por la lenta salida de la crisis, el documento recordaba la necesidad de introducir reformas estructurales, reiterando la persistente (y fundada) preocupación por el riesgo de la deuda pública en carteras bancarias y la necesidad de descargar sobre cada banco -no sobre los contribuyentes- las consecuencias de su propia gestión.

Los dos partidos subrayaban sin reservas el compromiso de Alemania con la unión monetaria, celebrando los mecanismos de supervisión y seguimiento presupuestario puestos en vigor, y apoyando -en distintos capítulos- numerosas iniciativas comunitarias. Al mismo tiempo, reiteraban a los demás países que su interpretación del no bail-out del Tratado es, simplemente, recordatorio de que cada país es soberano en la ejecución de políticas económicas y en la corrección de sus desviaciones respecto a los objetivos comunes.

Y versión de 2018...

Europa aparece en el arranque del documento bajo un epígrafe muy motivador, ein neuer Aufbruch, “un nuevo resurgir” para Europa. Los desafíos del momento, unidos a preocupantes incertidumbres geopolíticas, obligan a Europa, repitiendo palabras de Merkel, “a tomar su destino en sus propias manos”.

Cuatro epígrafes muy generales se desglosan, con algún desorden, en una mezcolanza de declaraciones genéricas -desde participar en el debate de renovación de la UE, hasta defender la globalización y la economía de mercado o mejorar la calidad de la formación en la UE.

Alguna declaración es inesperadamente muy concreta. Por ejemplo, bajo el epígrafe algo incongruente de “oportunidades y de justicia”, el nuevo gobierno se propone compartir con Francia la base de cálculo y tarifas mínimas del impuesto de sociedades. El objetivo, perseguido sin éxito en época del presidente Sarkozy, es de enorme trascendencia para la UE. Es de suponer, aunque no se dice, que a otros países miembro se les brindará la oportunidad de sumarse a ese proceso de coordinación impositiva. También se recuerda el interés europeo por el impuesto sobre transacciones financieras. Es una evocación de Keynes y Tobin, y también de las oportunidades perdidas por la ausencia reiterada del indispensable consenso.

...con la mirada en París

Los párrafos finales encierran ideas interesantes. Su origen último son visiones reformistas de la propia Comisión Europea, que las autoridades francesas han hecho suyas como propuesta de agenda de trabajo con la administración alemana.

En primer término, aparece una sonora declaración, que ha desconcertado a los euroescépticos locales: “Estamos dispuestos a (efectuar) mayores aportaciones de Alemania al presupuesto de la UE”. El propósito es potenciar la capacidad de actuación de la UE, que “queremos reforzar financieramente para que pueda cumplir sus cometidos”. Sin más precisiones. No dice el documento, por ejemplo, si el gobierno está dispuesto a renunciar a su alícuota del beneficio del BCE, inesperada pretensión adelantada ya por Bruselas.

 
 
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