Número 132 - Noviembre de 2017
 
REPORTAJES
 
   
     
CARTAS CRUZADAS      
       
 
  Foto: Archivo RC  
   
   
LUIS MARTÍ, EX DIRECTOR DEL BANCO MUNDIAL
 

ACADÉMICOS ALEMANES Y FRANCESES –CONTESTADOS DESDE ITALIA– PROPONEN VÍAS DE ENTENDIMIENTO PRÁCTICO PARA REVITALIZAR EL EJE BERLÍN-PARÍS Y, CON ÉL, LA UNIÓN EUROPEA

 
   

La posible revitalización del eje franco-alemán, gracias al activismo de Macron, animó a economistas alemanes y franceses a suscribir un comunicado conjunto publicado en el Frankfurter Allgemeine (27 septiembre). Objetivo ambicioso: señalar puntos concretos que inmovilizan el avance del proceso europeo en áreas críticas, entre otros motivos, porque se trata de temas que Francia y Alemania abordan tradicionalmente desde posiciones distintas. Estas llamadas de atención de académicos a políticos reflejan un sentimiento participativo esencial en democracia y para nosotros son especialmente importantes en momentos como los actuales, en que la fortaleza del eje atlántico se resquebraja y Europa se encamina, enfrentándose a corrientes populistas y en un mundo de equilibrios políticos inciertos, hacia la irrelevancia internacional.

Los mensajes. La carta arranca con el apunte de algunos síntomas de fragilidad de la eurozona: la excesiva dependencia respecto de una política monetaria expansiva, el conocido problema de concentración de bonos nacionales en las carteras bancarias; y una señalada ineficacia de los instrumentos comunitarios de corrección de políticas económicas cuyo manejo a menudo coloca a la Comisión Europea en papeles extremos de severidad o de condescendencia. Los dos gobiernos han hablado ya de posibles líneas de reforma (política monetaria aparte, que ambos gobiernos respetan como independiente). Las autoridades francesas reclaman con frecuencia un presupuesto general de estabilización para la UEM, con ministro-euro incluido, y un potente FMI europeo, frente a propuestas comedidas de Merkel ofreciendo cierto apoyo durante el proceso de reformas o el reforzamiento del ESM como supervisor de políticas presupuestarias.

Estas posiciones ocultan visiones políticas dispares. Desde Alemania se insiste en la disciplina fiscal como fundamento de la negativa a compartir más. Las autoridades francesas aspiran a mayor mutualización de riesgos a cambio de endurecer la reglas fiscales. El equipo franco-alemán de economistas subraya que, dadas estas posiciones de entrada, “un acuerdo de mínimos” parece perfectamente posible. Pero sería “decepcionante”: un pequeño presupuesto europeo sin capacidad de endeudamiento, y todavía más reglas comunitarias para disciplinar los presupuestos.

Propuestas prudentes. Los economistas son partidarios de extender la exigencia de capital propio a las carteras bancarias de bonos públicos para así alejar el peligro del “rizo diabólico” entre el soberano y sus bancos y por tanto, facilitar -si fuera necesario- la reestructuración de deuda soberana sin provocar un pánico bancario -y al revés, permitir reestructuraciones bancarias sin excesivo coste público. La propuesta no sale de la nada: forma parte de la agenda de Basilea III y, llegado el caso, obligaría a modificar una directiva europea. Inmediatamente después podría abordarse la posible introducción del instrumento monetario crítico que Schäuble ha rechazado sistemáticamente, un 'safe asset' conjunto. Francia, por su parte, aceptaría mayor disciplina de mercado, incluyendo, al menos como “último recurso”, el paso a una reestructuración de deuda. Los dos países podrían influir eficazmente para simplificar la pesada regulación presupuestaria que imponen los packs y limitar la tendencia al 'fine tuning' que a veces muestra la Comisión. La comunicación apunta además una observación que merece interés. En lugar de abordar en detalle las complejidades inherentes a un presupuesto para la eurozona, desvía la atención hacia la necesidad de aumentar los recursos de la Unión Europea en áreas como infraestructuras, seguridad y defensa. Sería opción política de gran alcance, que nos debe recordar la existencia de elementos de cohesión europea que van más allá de nuestras angustias con el euro. Institucionalmente, la opción tendría plena cabida en las propuestas de escenarios contenidas en el Libro Blanco (marzo, 2017).

Y sus autores. Los firmantes son académicos responsables y conscientes de su entorno político. Por parte alemana encontramos nombres de prestigio que, desde hace años, apoyan el proyecto europeo con independencia de las vacilaciones de gobierno y opinión pública: Fratzscher (director del centro de investigación DIW, Berlin), Fuest (director del Ifo, Munich) Weder di Mauro (durante muchos años, miembro del Comité de “sabios”), Brunnenmaier (proponente con Garicano y otros de un modelo de bonos europeos, los ESSBIES) . Los economistas franceses incluyen a Nicolas Véron y Jean Pisani-Ferrer (en su día, fundadores de Brueghel), o a la profesora Héléne Rey (London Business School). En total, catorce firmas de larga experiencia. Contrapunto, desde Roma. Desde una universidad romana -LUISS, asociada al nombre de Guido Carli-, siete economistas italianos, algunos muy respetados en ámbitos europeos -como Bastasin y Micossi- objetaron algunas de las propuestas anteriores. La vía utilizada fue la misma, carta al periódico alemán (2 octubre). Dirigen la primera objeción al esquema, a cualquier esquema, de reeestructuración de deuda. Disponer el recurso a una reestructuración suscitaría el temor al incumplimiento, confundiría con insolvencia una situación de iliquidez y produciría la estampida de los inversores. Es lo que ocurrió en España e Italia a raíz de la decisión franco-alemana de reestructurar la deuda griega a finales de 2010. Este tema será siempre opinable, pero la argumentación expuesta no es seria, y menos aún el ejemplo utilizado. En los dos países, la gestión económica durante la crisis ya era causa bastante para que los mercados exigieran primas de riesgo elevadas. No había necesidad de recurrir al efecto contagio extrapolando un caso tan singular como el griego, en el que un largo deterioro macro había quedado encubierto mediante estadísticas manipuladas. En términos generales, no es la mera creación de un marco estable para reestructurar la deuda lo que puede dar lugar a estampidas inversoras, sino la valoración por los mercados de políticas económicas nacionales susceptibles de provocar la insolvencia del país.

 
 
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