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Son ya más de cuatro años, en este difícil empeño de recabar las reflexiones más lúcidas, de los labios más sabios, y más responsables también, de nuestras sociedades. De nuestra sociedad. De las gentes que no tienen, ni buscan, a quién echarle la culpa. Que se sienten responsables y lo son. Personas singulares que conforman las voluntades de nuestras sociedades anónimas, de nuestras asociaciones y fundaciones. Las voces que deciden y administran, en fin, nuestros empeños colectivos.
En derecho español, los administradores son, por delegación de las juntas, los responsables últimos del gobierno societario. Administradores, llamados consejeros, aunque no aconsejan al presidente, sino que lo eligen de entre ellos. Queremos contar qué piensan, y por qué, quienes administran nuestros capitales, nuestros votos y nuestros derechos. En las grandes sociedades cotizadas y en las grandes instituciones surgidas para defendernos y representarnos, para marcar el rumbo.
Para saber qué sucede y por qué en las plantas más nobles de las torres más altas. Y no tan altas también, que a menudo son empresas pequeñas, diminutas, las que desencadenan cambios que terminan por afectarnos a todos.
Como en la corte de los Medicci, en los consejos de administración de nuestras sociedades se reúne hoy parte de la mejor materia gris del planeta. Tan preocupada por la creación de riqueza como por una distribución razonable de la misma. A quienes comparten ese anhelo y están dispuestos a discutirlo, más allá de lugares comunes y banalidades, se dirigen estas páginas.
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