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NÚMERO 47 | FEBRERO 2010 | AÑO 6
 
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      SER VIRTUOSOS, Y PARECERLO    
      El vaticinio de que el Gobierno se hundía por la desconfianza de los mercados y la ruptura con los sindicatos no se ha materializado. Pero el 2010 se complica    
           
      La opinión pública castiga la mala gestión. Y la crítica catastrofista    
           
   

TEXTO: JOAN TAPIA

Los datos que se van conociendo del 2009 indican que hemos sufrido la peor recesión desde la modernización de los sesenta. El PIB retrocedió un 3,6% según el Banco de España, el empleo cayó con fuerza, un 6,7%, y los precios bajaron una media del 0,3%. Contra lo que predicaba el optimismo gubernamental, el toro de la crisis mundial nos ha cogido de lleno. Pero el sector público (déficit del 11,4% del PIB) ha contenido la recesión. Así el PIB ha caído 0,4 puntos menos que la media de la zona euro y 1,4 puntos menos que Alemania. La mano pública ha corregido la mano invisible de Adam Smith. Y aunque con retraso -varios países crecieron ya en el tercer trimestre- la economía española también tiene “brotes verdes”. No ha llegado la primavera pero quizás no estamos lejos.

Primero por la evolución trimestral del PIB. Hemos  pasado de un ritmo de caída del 1,6% en el primer trimestre al 1,1 en el segundo, el 0,3 en el tercero y el 0,1 en el cuarto. Y parece que el consumo se ha animado algo a final de año. También la inversión en bienes de equipo, que ha tenido un comportamiento muy negativo, ha mejorado.  

Y el sector exterior, que aportará 2 puntos positivos al PIB, ha mejorado en octubre-noviembre. La mejora del comercio exterior no obedece ya sólo a que las exportaciones bajan menos que las importaciones. Este bimestre las importaciones se han estabilizado (en el tercer trimestre bajaron un 13,6%) y las exportaciones han crecido un 1,3% cuando en el trimestre veraniego se redujeron un 9,6%. ¿Por qué entonces el panorama se ensombrece a fines de enero, cuando los datos indican que hemos pasado lo peor de la crisis y que el año 2010 será mejor?

Desde finales del 2008 la gran preocupación mundial ha sido el miedo a una repetición del crak del 29. Que la crisis bancaria americana y la recesión posterior no se convirtiera en una gran depresión. Y hubo un consenso casi general en que cuando la inversión y el consumo privado se desploman, el Estado debe aguantar. Los gobiernos debían reaccionar con gasto público para evitar las quiebras bancarias, el disparo del paro y la inestabilidad político-social. Aun al precio de un aumento del déficit.

Histeria anti déficit
Pero ahora las cosas han cambiado. Muchos analistas creen que la recesión ya ha sido superada (el PIB americano creció un 5,7% en el último trimestre) y que hoy el gran problema es el fuerte incremento del déficit y de la deuda en que muchos estados han incurrido para combatir la crisis. Es discutible. Porque no es seguro que la recesión haya quedado atrás ya que las cifras de paro no mejoran o lo hacen muy levemente. Y la prueba es que los bancos centrales van a mantener en mínimos los tipos de interés. Al menos durante el primer semestre. Pero lo que Krugman califica de “histeria antidéficit” se ha apoderado de muchos analistas. Y algunas agencias de “rating”, las que calificaban de seguras a las hipotecas subprime, miran ahora con recelo los bonos de los estados. E incluso sugieren que pueden retirar la calificación de máxima solvencia, la AAA, a EEUU y Gran Bretaña. No sólo a España.

Además la zona euro es una unión monetaria con políticas económicas y fiscales diversas. Los padres del euro querían una política económica común, pero la ampliación y el fracaso de la Constitución europea en el referéndum francés retrasaron todo. Y ahora que hay tormenta el euro es una construcción inacabada. Algunos creen que pueden especular a la contra (del 1 de enero al 5 de febrero el euro se ha desvalorizado un 5%) y España es el país mas importante que puede ser vulnerable. Por otra parte, el caso de Grecia, que falseó sus cifras de déficit, ha aumentado la desconfianza.

España tiene problemas pero no es Grecia, aunque es verdad que nuestro déficit -11,4% del PIB en el 2009- está próximo al griego (sólo Gran Bretaña, que no está en el euro, tiene en Europa otro similar). Pero el dato esencial, la deuda pública en relación al PIB, es muy inferior a la media de la zona euro y a la de países más avanzados. La deuda pública española, el 55% del PIB, está por debajo no sólo de la italiana (116%) y la griega (108%) sino también de la alemana (79%), la francesa (77%) o la británica (69%). Pero la histeria es la histeria y una ola de los mercados lo puede arrasar casi todo.
 
A ello se le suma la especulación a la baja contra la bolsa española. El Ibex se revalorizó un 29% en el 2009 frente a un 20% del Eurostoxx 50. Ello hace suponer que la bolsa española tiene un margen de caída superior al Eurostoxx. Y hasta hoy (8 de febrero), el Ibex ha bajado este año año un 15% y el Eurostoxx un 11%.

Cuerda tensa pero no rota
La necesidad, a medio plazo, de corregir el déficit, no sólo en España, está fuera de toda duda. Salgado ya introdujo pistas en el presupuesto del 2010 al subir el IVA, la tributación del ahorro y eliminar la bonificación de los 400 euros. Lo que es menos lógico (ver el revelador artículo de Paul Krugman en el NYT del 5 de febrero) es el gran nerviosismo de los mercados. Y España no tiene la solvencia de EEUU, Alemania o Francia. Debemos ser virtuosos y demostrarlo cada día. Y el déficit del 2009, y el previsible para el 2010, no van en esa dirección. Por eso el Gobierno ha decidido un plan de austeridad a 4 años con un recorte de gasto de 50.000 millones (sólo 5.000 en 2010 para no dañar la recuperación) y garantizar el sistema de pensiones alargando la edad de jubilación a los 67 años. La “gran coalición” alemana ya lo hizo (y los socialistas pagaron un alto coste electoral). El mensaje de rigor -cada décima de encarecimiento de la deuda es un patada a nuestro bienestar económico y social- obligaba a ambas medidas. Que es lógico que generen cierta confusión y conmoción. Zapatero y Salgado las han asumido sin permiso sindical (buen dato) y tendrán un coste. En especial para un presidente que creyó que la crisis era un simple resfriado. Pero el paquete del rigor se ha adoptado. Y la cuerda con los sindicatos se ha tensado pero no se ha roto. La prueba la tuvimos el día 5 cuando los interlocutores sociales aprobaron las lineas de la cauta reforma laboral planteada por ZP y anunciaron el inminente acuerdo salarial a tres años. El vaticinio de que el Gobierno se hundía por la desconfianza de los mercados y por la ruptura con los sindicatos no se ha materializado.

Pero el 2010 se ha complicado. La tensión en los mercados puede dificultar la ya muy lenta y compleja recuperación. Y es lógico que tras dos años de crisis -los brotes verdes son poco visibles y estamos a mitad de legislatura, con un Gobierno que no tiene mayoría y que ha cometido serios errores- la opinión pública muestre desorientación y malhumor. Máxime cuando la oposición dice que la situación es catastrófica pero no propone alternativas serias. ZP debe estar preocupado por su pérdida de popularidad y porque de octubre a enero los socialistas han bajado un 1,5% de intención de voto (datos CIS). Es normal. Lo más extraño es que el líder de la oposición, que no tiene ninguna culpa de la crisis, genere menos confianza que un presidente del Gobierno con dos años horribles a sus espaldas. Y que en este trimestre el PP haya perdido también un 1% de intención de voto. Quizás la opinión pública castiga no sólo la mala gestión sino también la crítica catastrofista.

   
             
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