Número 134 - Enero de 2018
 
REPORTAJES
 
   
     
“ES UN MISTERIO POR QUÉ TANTA INNOVACIÓN NO SE REFLEJA EN LA PRODUCTIVIDAD"  
       
 
     
     
     
SUSAN ATHEY, CONSULTORA DE MICROSOFT Y CONSEJERA DE EXPEDIA, ROVER Y RIPPLE
 

"IMAGINO QUE HAY MUCHOS BENEFICIOS QUE ESTÁN LLEGANDO A LOS CONSUMIDORES DE UNA FORMA QUE NO SE REFLEJA EN LAS GRÁFICAS, EN LOS PRECIOS. PROVEER SERVICIOS DE MAYOR CALIDAD NO CUESTA NECESARIAMENTE MÁS Y LOS PRECIOS REFLEJAN LOS COSTES, ASÍ QUE EL VALOR SE ESTÁ FILTRANDO A LOS CONSUMIDORES EN FORMA DE EXCEDENTE. SI DEJAS QUE TUS HIJOS VAYAN SOLOS AL PARQUE Y LLEVAN UN MÓVIL PUEDES LOCALIZARLOS CUANDO QUIERAS... PERO ESAS VENTAJAS NO SE REFLEJAN EN PRODUCCIÓN O EN PRECIOS Y ES UN RETO MEDIRLAS"

   
    Foto: AC  

TEXTO: ANA FUENTES

El mundo crece al 3,5% pero quizás lo haría mucho más si tuviéramos en cuenta todo el aporte de la digitalización, ¿cómo lo ve?

Es un debate entre economistas, y un gran misterio, ¿por qué hemos visto semejante innovación tecnológica en nuestras vidas –todos nos damos cuenta de que somos mucho más productivos en el trabajo, gracias a usar tecnologías de la información– y sin embargo eso no se refleja en los datos de productividad? Yo no tengo la respuesta mágica, pero imagino que hay muchos beneficios que están llegando a los consumidores de una forma que no se refleja en las gráficas, en los precios. Proveer servicios de mayor calidad no cuesta necesariamente más y los precios reflejan los costes, y el valor se está filtrando a los consumidores en forma de excedente. Si dejas a tus hijos que vayan al parque solos y llevan un teléfono, puedes localizarlos cuando quieras. El poder acceder a información que es muy valiosa para ti... Esa clase de ventajas no se reflejan en la producción o en los precios. Y es un reto medirlas.

Y mientras, tendremos redundancias...

Sí, en una empresa al mismo tiempo van a convivir administrativos que gestionen las facturas y los propios empleados que las remitan por internet, aunque al final la compañía acabe eliminando la redundancia. Eso lleva un tiempo porque hasta que no se acabe sustituyendo la última tarea que desempeñaban esos trabajadores no se eliminará el puesto. Otro ejemplo que conozco bien es el cloud computing. Muchas empresas están moviendo aplicaciones internas a la nube. Mientras lo hacen, todos sus técnicos informáticos están ocupadísimos reescribiendo todo el código para la migración. Cuando hayan terminado, ya no serán necesarios porque el sistema nuevo es más ágil y muchas de las tareas que les ocupaban como la seguridad o el mantenimiento de la red se harán a escala en la nube, por los proveedores de servicios de la nube. Y muchas de las apps que ellos manejaban de hecho se pueden sustituir por esos servicios nuevos. Así que durante la transición pareces menos productivo, porque estás pagando el coste de la nube y el de moverte a ella, y para las empresas grandes eso supone una inversión cuantiosa durante varios años, pero al final llegas a un punto en el que primero necesitas a menos gente y segundo, puedes innovar mucho más rápido.

Si el listón sube constantemente al final no todos podrán ser innovadores.

Sí, algunos por eso se quedarán en el camino. Y las compañías que efectivamente logren ser productivas y sobrevivir quizás proporcionen una mejor experiencia al usuario, y sus competidores también, con lo que no se va a ver reflejado tampoco en los precios... Lo que está claro es que quienes no acometan esa inversión para ser competitivos, morirán.

Usted, como parte de Microsoft ¿cree que se ha tenido en cuenta todo lo que han contribuido a la sociedad?

Es difícil. La industria de los PCs era muy competitiva y los márgenes muy bajos. Si salía tecnología nueva que hacía que los ordenadores funcionaran mejor y más rápido, enseguida todo el mundo la adoptaba, pero los precios todavía reflejaban los costes. Había muchos competidores fabricantes de hardware en el mismo sistema operativo, eso incrementó la competencia y sirvió para llevar un portátil a cada mesa, para activar el comercio electrónico...

Es cierto que muchos de los beneficios son difusos, afectan a la calidad de vida. ¿Cómo se mide el valor de todo lo que tenemos a nuestro alcance?

Es complicado... Medir por ejemplo el hecho de que un adolescente hoy en cualquier lugar del mundo pueda recibir las mismas clases online en la misma academia que los hijos de Bill Gates... Mi padre creció en una granja pequeña y tenía que caminar durante mucho tiempo para llegar a la biblioteca, donde solo había unos pocos libros. Lo triste es que a cierto nivel esto debe hacernos más felices, pero la gente basa su felicidad en lo que tiene en relación con lo de los demás. Es complicado afirmar que objetivamente la gente hoy es más feliz solo porque tiene acceso a increíble música clásica que hace 200 años solo podían ver los reyes.

El progreso tecnológico está concentrado en un puñado de empresas. Son las que están moviendo Wall Street pero resulta paradójico que algunas lleven años sin lanzar ningún producto al mercado.

La competencia es especialmente importante para la innovación y algunas de estas grandes tecnológicas tienen también mucho poder en el mercado. Cuando de algún modo están aisladas de la competición, porque al final los usuarios de Apple son bastante fieles al producto, han aprendido a usarlo, quizás han firmado contratos que les ligan a la empresa... así que esas empresas pueden sobrevivir durante bastante tiempo sin innovar. Y eso puede ser un problema. No obstante es que es difícil seguir innovando, cuando las compañías crecen se vuelven más burocráticas y es complicado seguir manteniendo un alto nivel de innovación. Así que no me sorprende ver a empresas innovadoras que crecen y que llegan a un punto en el que se vuelven menos innovadoras.

¿Hay margen para fallar? Bueno, ustedes en Microsoft remontaron después del fracaso de Vista...

Hay algo de margen si tienes una plataforma con muchos usuarios y aplicaciones. A Microsoft efectivamente le pasó y sobrevivieron. Perdieron algo de cuota de mercado en favor de Apple y por ese incidente se distrajeron y no desarrollaron el teléfono móvil. Pero al final Windows como tal no sufrió demasiado. Hay margen para fallar.

Muchas veces la competencia no se ve venir.

Sí, no te dan de frente, está claro. Puede ser una tercera plataforma o competidor o un servicio... y te ves reducido a una commodity. Piense en uno de esos gigantes tecnológicos asiáticos. Los usuarios están empleando sus servicios de comercio electrónico, en sus plataformas, y da un poco igual el teléfono que tengan. Están viviendo sus vidas dentro del servicio de ese gigante tecnológico, y eso es mucho más peligroso para el iPhone que un nuevo sistema operativo.

¿Se ve más innovación pura y dura en Silicon Valley o en China?

Me impresionan mucho las empresas asiáticas porque han logrado sortear obstáculos enormes como un público que en gran medida no tenía cuentas bancarias, por ejemplo, que no estaban acotumbrados a usar tarjetas de crédito o a comprar por internet. Y han construido todo un ecosistema y ahora tienen un poder increíble. No dependen de un Google. Es impresionante. La gente no pensaba que fueran a lograrlo.

El modelo de esas empresas está muy alejado de los criterios de protección de privacidad, al menos en Europa. ¿Le preocupa?

Da miedo ver que todas esas plataformas están integradas de manera vertical, con comercio electrónico, finanzas... y si realmente se vuelve dominante puede afectar a gran parte de la economía.

El volumen de datos que generamos cada día en Internet ha cobrado proporciones tan gigantescas que abruma calcularlo. Se mide ya en zetabytes. Si una taza de café fuera un gigabyte, el zetabyte equivaldría al tamaño de la Gran Muralla china. Todo ese big data, ¿quién debe almacenarlo? ¿Las empresas? ¿Los gobiernos?

Efectivamente la gente está dejando una huella digital mucho mayor de lo que cree: Facebook o Google saben dónde estás en todo momento a menos que lo desactives constantemente, saben qué leemos y qué compramos... y todo eso crea una foto bastante completa de nuestra vida. Esa información se puede emplear para mejoras enormes: obtener servicios personalizados, anuncios que realmente nos resulten de interés; puede ayudar a nuevas compañías, a startups innovadoras, a entrar en el mercado porque tendrán la capacidad de encontrar a clientes relevantes para ellos y solo ocuparse de ellos, y eso minimiza el gasto en publicidad, por ejemplo. Se están digitalizando las finanzas, haciéndolas más rápidas, con menos fricción... Hay muchas cosas buenas que están pasando. Pero evidentemente también resulta en una mayor concentración de poder en manos de quienes almacenan esos datos. Y claro que pueden usarse para fines malvados.

El dinero en efectivo es uno de los últimos reductos de anonimato, pero cada vez se ve menos. ¿Ve posible un mundo sin cash?

Si abandonamos por completo el cash no habrá ninguna forma de realizar una transacción financiera sin dejar un rastro. No hay nada más anónimo que el dinero en efectivo. Si no usas efectivo es posible saber en qué te gastas el dinero y qué haces exactamente. Se puede eliminar por completo la evasión fiscal. No se podrá comprar nada que el gobierno estime ilegal, como marihuana. Esto suena muy bien en un ambiente en el que se confía en los gobiernos, porque se permitiría luchar contra el crimen fiscal, una fiscalidad más baja porque no existiría evasión... Pero la cuestión es si una sociedad quiere cumplir al 100% con la ley. Y si las autoridades abolieran el cash posiblemente la gente encontraría una alternativa para mantener algo de privacidad financiera. Otra forma de verlo es que la gente tiene que darse cuenta de que un mundo digital le otorga al gobierno mucho más poder. Tenemos que implicarnos mucho más en nuestras democracias, asegurarnos de que elegimos a los líderes correctos y de que les pedimos explicaciones y responsabilidades a nuestros gobernantes. Porque realmente tienen mucho más poder que antes.

¿Pero los gobiernos deberían legislar acerca del almacenaje de ese poder? ¿O las empresas? ¿Cómo deben ser las futuras reglas? Si hay un conflicto entre una empresa y un gobierno, por ejemplo.

Pues es que no se ha legislado sobre ello. Es que los gobiernos van muy por detrás en esta cuestión, aún no se ha aclarado cómo se procedería o cuáles son los riesgos reales. Los legisladores no saben todavía cómo evaluar lo que han ejecutado algoritmos.

Menciona el sector financiero. Al menos existe un supervisor financiero. ¿En términos de datos y el mundo digital qué tenemos?

Creo que necesitaríamos tener reguladores más especializados, sí. Gente que realmente sea experta en este terreno, que sepa hacer análisis coste-beneficio. Porque es tan peligroso parar la innovación como permitir que vaya demasiado rápido. Existen riesgos reales por hacer un mal uso de la inteligencia artificial. Los ingenieros y desarrolladores no son expertos en las implicaciones de la tecnología, se ocupan simplemente de que esta funcione. Si la gente de negocio y los reguladores que les rodean no entienden esa tecnología y sus efectos, la regulación y el contexto, las cosas pueden ir muy mal. Una de las cosas que más me interesan es educar a los empresarios, los técnicos y los reguladores para que todo el mundo entienda el contexto en el que están operando.

 
 
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